OPINIÓN
Una terrible ingratitud agresiva
19/07 · 22:12 · Félix Sautié Mederos
Queridos lectores, en los últimos días se ha producido una conmoción en los medios católicos habaneros y en el pueblo, en general, por motivo del cruel asesinato del conocido y respetado sacerdote Mariano Arroyo en su parroquia del Municipio de Regla, que se alza junto a la Bahía de La Habana y es muy conocida por su santuario erigido a la Virgen de Regla que en la santería cubana sincrética y tradicional se identifica con la deidad de las aguas significada por su nombre yoruba de Yemayá.
De primer momento la noticia no ha sido divulgada por la prensa oficial pero se comunicó de persona a persona. No obstante, en La Habana e incluso en el resto del país, tal y como se conocen muchas cosas que no se anuncian en nuestra sociedad, todo el pueblo lo comenta en las casas, en sus centros de trabajo, en las calles, en las colas de los ómnibus y en los más variados lugares de reunión. Estos hechos se transmiten de boca a boca.
El padre Mariano apareció en su parroquia acuchillado e incluso se plantea que estaba amarrado en las manos, amordazado y que le habían quemado los pies y las manos con huellas de haber sido torturado, según lo expresan las versiones que circulan y las informaciones de la prensa extranjera.
El arzobispado de La Habana por su parte dio a conocer a la prensa acreditada un escueto comunicado circulado por correo electrónico, en el que informó textualmente que: “Los primeros informes indican que el sacerdote, de origen español, fue asesinado”. Todo esto es muy triste para la población que se siente consternada por un hecho de esa naturaleza e incluso preterida en su derecho a ser informada, pues mientras la noticia se publica en el exterior, internamente todo aparece como si no hubiera sucedido nada con excepción de las notas informativas del Arzobispado que sólo han circulado por las iglesias y por los periodistas acreditados sin que la prensa nacional las haya publicado.
Lo peor del asunto es que Mariano Arroyo ha sido el segundo cura asesinado con ensañamiento y métodos evidentemente profesionales en cinco meses. El primero fue el Padre Eduardo de la Fuente, también español y amigo cercano del padre Mariano. Son crímenes horrendos que nos han herido en los más profundo y que no podemos entender, porque barruntan muy pérfidas intenciones y aún peores cosas si no son descubiertos y condenados sus perpetradores. En toda la historia de Cuba jamás se han reportado asesinatos de sacerdotes y mucho menos en tan crueles circunstancias. Tengo un dolor profundo por todo esto, yo fui amigo del padre Mariano y en ocasiones compartí con él cultos y actividades socio políticas que me permitieron evaluar positivamente su actitud honesta, entregada y evangélica. No hay razón para que se asesine a nadie en tan crueles circunstancias, pero en el caso de Mariano por su entrega y su cercanía con la población pobre de La Habana, debo decir que su muerte además significa en mi criterio una terrible ingratitud agresiva que como precedente amenaza a muchos más. José Martí dijo que ver un crimen en silencio es tanto como cometerlo. Los sentimientos que experimentamos son muy fuertes y no deberían ser ocultados por ninguna instancia, hay cosas que no pueden ser administradas ni mucho menos ahogadas de manera burocrática.
Dejo testimonio de mi indignación, de mi dolor y de mi denuncia y espero que la justicia se abra paso definitivamente.