JEREZ / JUSTICIA
Los juzgados incoan más casos de lesiones y maltrato juvenil
26/07 · 21:28 · Begoña Picos
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Una mirada malinterpretada puede ser motivo más que suficiente entre dos jóvenes para comenzar una pelea. · Autor: V.J. |
Los presuntos abusos sexuales a dos niñas de Córdoba y Huelva a manos de grupos de jóvenes en los que algunos ni siquiera han cumplido los catorce años (edad penal reconocida) han vuelto a abrir la brecha en primer lugar sobre la efectividad de la Ley del Menor y su aplicación en la sociedad actual.
José Miguel Martínez del Campo, juez de Menores, insiste en que las preguntas sobran y los factores de culpabilidad hay que buscarlos en el seno de la educación que reciben los adolescentes de hoy en día. “No se puede mantener una actitud hipócrita cuando muchos padres no se han preocupado de no formarlos como a delincuentes”, añade el magistrado.
Cada vez son más los menores encausados que llegan a los juzgados y “con menos medios”. Las faltas o delitos mayoritarios suelen ser los relacionados con agresiones en el ámbito familiar, “el aumento es sobre todo sistemático”. “Preocupante”, subraya Martínez del Campo, son los casos de lesiones entre menores que llegan a sus manos. Gran parte se producen a plena luz del día, fuertes peleas entre ‘chavales’ cuyo origen puede ser una simple mirada de uno al otro interpretada como un gesto desafiante o autoritario.
Además, las penas dictadas para estos casos aumentan cuando la Policía intenta poner orden y separarlos, y la respuesta es una nueva agresión contra los agentes del orden público. En los delitos de lesiones se incluyen no sólo peleas entre chicos del mismo sexo, también los abusos de chico a chica, dejando entredicho la educación igualitaria que la sociedad actual predica. “Se reproduce la mentalidad machista, el dominio y el desprecio del hombre sobre la mujer”, dice el juez.
El perfil de estos ‘jóvenes delincuentes’ rompe los estereotipos. Suelen ser jóvenes que no conocen el esfuerzo, sin valores, con el gen de la conflictividad en potencia, y no siempre se crían en familias desestructuradas. En los últimos tiempos son más los adolescentes de clase media alta los que tienen que rendir cuentas ante la justicia por delitos relacionados con las nuevas tecnologías. Así, González del Campo ha tenido que juzgar a jóvenes que amenazan a sus víctimas con difunfir videos comprometedores que han grabado previamente. Sin dividir entre los que proceden de un estatus determinado u otro, el juez de menores subraya que el 17% de las causas que atiende son de jóvenes sin los estudios básicos, “analfabetos que ni siquiera saben leer o escribir”.
Del mismo modo, indica que los recursos son insuficientes. “Harían falta centros especializados porque no todos son iguales. No es lo mismo un maltratador que un niño hiperactivo o un chorizo”, a la vez que critica que la Administración debería tomar medidas ante el aumento progresivo de casos de jóvenes delincuentes. En Jerez, por ejemplo, el centro de menores Manuel de Falla se abrió para acoger a menores españoles en desarraigo social; en cambio ahora se ha convertido en un centro reservado para menores extranjeros irregulares.