HUELVA. HIJOS QUE MALTRATAN A SUS PADRES
En esta casa mando yo
28/09 · 20:59 · Joaquín Cabanillas S.
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Durante 2008, aumentó un 36% en Huelva el número de menores que acaban sometiendo a sus padres a base de maltrato físico. · Autor: VH |
Cuánta no ha de ser la impotencia de unos padres que se ven obligados por las circunstancias a tener que denunciar a sus propios hijos por maltratadores en el ámbito familiar. Por fortuna, y educación, son los menos, los muchos menos, los niños que pegan a sus padres, pero en los casos que se dan salen a la luz las principales causas psicológicas que derivan en la construcción de un hogar con la convivencia destruida a golpes de niños.
Según los informes de los Equipos Técnicos del Juzgado de Menores de Huelva, uno de los principales motivos por el que la conducta de estos niñas y niñas (14-18 años), pasa a ser agresiva es el ir creciendo en un ámbito familiar con: “Falta de normas de convivencia, con el deterioro progresivo de ésta, y la inexistencia de límites a la actividad de los menores, que poco a poco se han ido adueñando de la casa hasta convertirla en un territorio propio en el que no aceptan ninguna pauta de comportamiento que no sea impuesta por ellos mismos”, reza uno de los informes.
Y los padres que, en la mayoría de los casos, han ido favoreciendo de manera inconsciente que los niños manejen más terreno del que les corresponde, “se han ido doblegando a las exigencias de los menores, por evitar mayores conflictos o por imposibilidad de actuar de otra manera, y no denuncian los actos violentos hasta que estos se convierten en cruentos”.
Egocéntricos, sin planes de futuro, faltos de cariño y apáticos
Más allá del nivel social del que provengan, aunque en la mayoría de los casos son de nivel medio-alto, el entorno en el que se educan, o la profesión de los padres, existen diferentes elementos comunes que, a nivel psicológico, definen al niño que maltrata en el ámbito familiar. Los informes de los equipos técnicos señalan que el menor que pega a sus padres o hermanos tiene un perfil marcado por el “egocentrismo, nula tolerancia a la frustración, fracaso escolar, falta de habilidades sociales, abulia y apatía ante la vida, ningún plan de futuro en cuanto a estudios o trabajos y, sorpresivamente, una gran necesidad de afecto que no han sabido requerir adecuadamente a sus progenitores, convirtiéndose en sujetos emocionalmente fríos. Son los menores de ‘lo quiero todo y lo quiero ya’, materialistas hasta extremos insospechados, que no dudan en agredir a sus padres cuando estos no atienden a sus deseos”.
30 menores pegaron a sus padres en 2008 en Huelva
Según la Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado, en el año 2008 se cometieron en la provincia de Huelva 30 delitos de maltrato producidos por los hijos en el ámbito familiar. Esta cifra supone un incremento del 36,4% respecto a los casos sucedidos durante 2007, cuando en Huelva hubo 22 delitos de estas características.
Otro de los aspectos que se extrae de la memoria anual es el aumento de las niñas que maltratan a los miembros de la familia, especialmente a las madres, igualándose casi de manera total al número de niños que cometen este delito.
Ellos o ellas, menores, víctimas de una educación familiar cada vez más alejada, callada y fría, y culpables de sacar a la luz lo peor de ellos mismos, la violencia física, cuando en la indomable adolescencia crecen desapegado de los valores, y pegados a los antivalores de una sociedad aquejada, en más casos de los que debiera, del síndrome de la muy mala educación.
Cien por cien de efectividad de los pisos de convivencia
Andalucía cuenta con un medio “muy eficaz” para luchar contra este tipo de violencia: Los pisos de convivencia. Ana Isabel Laso Mota es la Fiscal delegada de Menores en la Fiscalía de Huelva, y valora la puesta en práctica de este procedimiento de reeducación, principalmente porque “de los menores ingresados en este tipo de pisos tenemos un 0% de reincidencia”. Los pisos de convivencia son recursos residenciales “a medio camino entre la libertad y el internamiento en centro”, integrados en la vecindad, “y donde se crea un nuevo grupo familiar entre ellos y los educadores”. Allí, tras un periodo de observación de quince días sin salidas y sin permisos, se establece un un programa de actividades en las que se incluye la educación reglada, ya sea educativa o formativa, y el tratamiento psicológico adecuado a la problemática del menor, en el que también se incluye posteriormente al núcleo familiar. Ana Laso lo tiene claro: “La efectividad de este recurso es uno de los mayores logros de la Ley del Menor, ya que se concilian intereses tan importantes como la vida familiar y el interés del menor, al que se le impone una medida sancionadora y a la vez educativa, que permite su reintegración en el ámbito familiar”. Laso matiza que las denuncias que se realizan en el Juzgado de Menores onubense, llegan “cuando los padres ya están desesperados, y denunciar directamente aquí es la última opción que manejan, cuando quizá debería ser la primera”.