OPINIÓN
27/04 · 12:39 · José Francisco Sánchez
Ya es que no me lo creo. Un día sí y otro también aparecen noticias sobre avances científicos notabilísimos que suponen la curación inmediata de la hidra de las siete cabezas: Cáncer, corazón, ictus, alzhéimer, demencia senil, osteoporosis y pandemias de nuevo cuño. Me cuentan, nos cuentan, que los expertos han encontrado una enzima, una reacción química o una nueva técnica implantacional y, con tanto avance, acabaremos muriéndonos -porque de eso no nos libramos- de un catarro enconado, de un cólico miserere, o de un patatús.
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OPINIÓN
27/04 · 12:38 · José Francisco Sánchez
Allá por el año cincuenta y tres del siglo pasado se empezó a construir el famoso oleoducto Rota-Zaragoza, que pasa -aunque ya nadie se acuerda- atravesando campos y dehesas de nuestra Andalucía. Aquello, para los que vivíamos en pueblos del trayecto, fue un acontecimiento singular. Yo -doce años a la sazón- recuerdo su paso y estancia en Écija porque aprendí y conocí cosas que, entonces, me parecieron sorprendentes: Ví las primeras camionetas descapotables; observé el servilismo municipal cercano al “bienvenido M. Marshall” y fundamentalmente me llamó la atención dos hombres de raza negra.
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OPINIÓN
21/04 · 19:14 · José Francisco Sánchez
La gente busca denodadamente la fuente de la felicidad sin saber que es algo que no mana aunque, en parte, tenga razón en que sus raíces brotan de muy adentro de nuestro ser. Cómo el manantial que de lo recóndito hace aflorar lo más puro. Cómo el corolario de un estado de ánimo que pretendemos emerja de manera constante y perpetua. La fuente de la felicidad es en verdad tan utópica como un cuento infantil de aquellos clásicos.
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OPINIÓN
19/04 · 11:48 · José Francisco Sánchez
Que te las den no es lo mismo que te las peguen. Hablo de galletas, de esas de siempre, de las galletas simples que tuvieron su “meca” en Aguilar de Campoo. De las galletas redondas, tostaditas y crujientes más secas que el ojo de Benito -que diría el castizo-. De la más humilde, quizás por eso se llamaba sencillamente: María. Ajenas a las tácticas publicitarias. Incólumes. Saludables. Buenas.
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OPINIÓN
16/04 · 12:20 · José Francisco Sánchez
Ya se sabe aquello de “hay gente pa tó”, y no será este jubilata el que critique actitudes e incluso convicciones; que los conceptos y su utilización son, como decían de ciertas canonjías, personales e intransferibles. Así que: Punto pelota.
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OPINIÓN
15/04 · 12:23 · José Francisco Sánchez
El Corte Chino está a punto de abrir. Qué quieren, si abre Ikea, si amplían Hipercor, si junto al gigante sueco del mueble vienen dos decenas de medianas superficies -tirando a grandes- con marcas y surtidos que nos eran ajenos, no iba a ser menos la comunidad china. La gran superficie de lo barato, de lo aparente, ya está aquí, en donde estaba la Estación de autobuses y aunque no es su nombre ya lo llaman el Corte Chino.
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OPINIÓN
12/04 · 13:40 · José Francisco Sánchez.
Qué difícil es ser padre”. Así, con esta premisa a modo de introducción, comenzó su monólogo mi amigo. No es este de los propensos a ponerte el disco y, aunque lo hago siempre con todos, me dispuse a escuchar atentamente.
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OPINIÓN
07/04 · 18:50 · José Francisco Sánchez
Yo desde luego, como me llamo Sánchez, tengo poco recorrido en cuánto a la leyenda de los apellidos y a la proyección histórica y heráldica que muchos -y los respeto, conste- tienen como referente. No es malo el negocio de plasmar el escudo de armas del apellido con una concisa reseña y vender esa hidalguía a precios nada módicos; pero convendrá conmigo cualquiera que es una fardada colgarlos en el salón de tu casa. O no, pienso.
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OPINIÓN
05/04 · 11:37 · José Francisco Sánchez
Días atrás un amigo me pidió una dirección postal y, gustosamente, cogí recado de escribir y se la facilité al instante. Pero también, de forma casi inmediata, observé que mi caligrafía había perdido la donosura que tanto me enorgullecía. Quedé inquieto y, en cuanto llegué a casa, cogí un folio y empecé a escribir aquello de “con diez cañones por banda” o sea: la célebre Canción del Pirata que los jóvenes de mi época nos sabíamos de corrido. En el mejor sentido de la palabra, claro.
No había llegado a la quinta estrofa cuándo me faltó papel. Que empecé a escribir y los renglones se torcieron, se retorcieron y expandieron, de manera harto elocuente para dejarme claro que la edad, me parece, no perdona.
Siempre tuve una caligrafía clara, valiente y de trazos muy definidos -algo imprescindible cómo Maestro-, tuve que luchar de estudiante con la tinta china, e incluso con las plumillas de pata de cabra para la letra gótica, y eso acaba formando y conformando un estilo que, con ribetes personales, tiene mucho en común con mis compañeros de profesión. Menuda era la asignatura.
Pero lo de torcido… eso, naturalmente, es otra historia. Dicen que con los años nos falla un mucho la sensación de equilibrio, y vive Dios que es verdad; pues bueno, esta es la razón, y no otra, de la pérdida del sentido lineal necesario para la escritura cuándo no se escribe sobre papel pautado. Comparé aquel desastre de texto con antiguos escritos míos y ahí vine a encontrarme con nuevas y desoladoras realidades: Que las palabras, a veces, se desvanecen o -en un extraño aquelarre- se sueltan separando las sílabas y crecen o decrecen a su albedrío Ciertamente lo escrito era legible, pero poco recomendable.
Y aquí estoy, dispuesto a recuperar esa seña de identidad tan mía. Cómo los colegiales me he propuesto ponerme tarea a diario; tengo que escribir a folio limpio sin torceduras, sin comerme letras o finales de palabras, y dejarme de tanto ordenador, este chisme que vino a ponerme las cosas más fáciles después de años de máquina de escribir.
Ni con este invento infernal -ni con los sms- debería decirse: Te amo. Así que ahora entiendo a los chalados del graffiti. Comprendo que quieran expresarlo con arte, o lo que sea.
OPINIÓN
30/03 · 19:46 · José Francisco Sánchez
El padre -Dios mismo- lo recibe llenándolo de besos al recuperar al hijo pecador que había perdido.
Al día siguiente tuve oportunidad de escuchar una charla sobre lo mismo. Mi sorpresa primero, y mi descolocación después, vino cuándo me hablaron del hijo bueno, del trabajador, del que se quedó en la casa del padre -la Iglesia-, del intachable, del servicial, del reverente. La Escritura solo dice que al saber que volvió el degenerado y piojoso de su hermano: ¡Se enojó! Y consta fehacientemente que, con malos modos, le cantó las cuarenta al Padre.
No sé, pero me da a mí que esto tiene mucho que ver en nuestra vida de católicos. Como estamos dentro, despreciamos a los de fuera y, si con infinita clemencia, se les admite, no solo nos enojamos sino que, incluso, pedimos el libro de reclamaciones religiosas.
Hoy he visto infinidad de “hijos buenos” (yo incluido, claro) con ternos impecables. Soberbios, desafiantes, ante los que cogieron carretera y manta y hoy presumen de ateos, agnósticos o laicistas. También cada procesión es para muchos eso: una demostración de fuerza, de poder; cuándo debería ser -y así lo recogerán sus Reglas- un acto de penitencia, de humildad absoluta. ¿Qué es lo que estamos haciendo mal, Señor?
Me dijeron ese día, y yo lo pongo aquí por si sirve, que hay que alegrarse con el Padre de la vuelta de los andrajosos de conciencia, y besarlos cómo Él y participar con gozo en el recibimiento. Otro pasaje evangélico habla del opulento que rezaba en el atrio diciéndose “Yo, que soy bueno” -y salió del templo cómo entró- mientras que el publicano de la última fila que se declaró pecador salió absolutamente reconfortado. Y, por supuesto, perdonado.
Empieza mañana el Triduo Pascual -los oficios, vamos- y allí nos veremos los mismos, con más canas, con más achaques; pero la juventud… ¡Ay, la juventud! Esa se fue y ahora solo queda pedir para que vuelvan, para que gocen de la riqueza de este rito ancestral de cada año. Como escuchar la Pasión a tres voces y participar de la adoración a la Santa Cruz con este estribillo: “Este es el árbol de la Cruz”. El árbol de la Vida, no el de la muerte.
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