Guía para apurar el mes de agosto comiendo bien en primera línea de playa
La extensa y variada costa gaditana cuenta con una ingente oferta gastronómica en la que hay todo de todo
El verano es también la temporada más alta del año en la hostelería gaditana. Los 285 kilómetros que forman su extensísima costa están llenos de posibilidades, pero también de riesgos por los muchos locales que llegan, montan dos meses y se van con los bolsillos llenos a cambio de un servicio poco edificante. Conviene separar por tanto el trigo de la cizaña para no tener que lamentarse luego cuando sea demasiado tarde.
La realidad es que en primera línea de playa de la provincia hay mucho y muy bueno durante todo el año. Disfrutar de octubre a mayo de los estupendos establecimientos en los que ya va a ser difícil encontrar mesa durante los meses de verano es un verdadero lujo que está sólo al alcance de los que vivimos donde otros mucho sólo veranean.
Les proponemos en las próximas líneas un recorrido fiable que va desde la misma desembocadura del Guadalquivir entre Sanlúcar y Chipiona hasta la parte del Mediterráneo que baña la provincia entre Sotogrande y La Línea. Sí, todo esto es Cádiz. Y ya les advertimos de que algo bueno se nos puede quedar fuera, y que incluso algún gazapo se nos puede colar.
El litoral tiene la ventaja con respecto al interior de esos cuantos grados que bajan las temperaturas por influencia directa del Atlántico. Pero no se confundan, cuando los termómetros están más cerca de los cuarenta que de los treinta grados, el mediodía se hace muy cuesta arriba a no ser que encontremos acomodo en alguno de los muchos y buenos chiringuitos con los que contamos en Cádiz y provincia.
En mi opinión, la hora de la caída del sol es imbatible cualquiera de los doscientos y pico de kilómetros de costa. En Sanlúcar presumen de tener uno de los mejores atardeceres. Desde Bonanza, Bajo Guía o La Jara, esa puesta con Doñana al fondo merece un rato de contemplación en medio del trajín veraniego.
En Bonanza no se equivocan apostando por La Campana y sus guisos marineros. Pero tampoco en la Algaida con El Raspa y sus arroz con pato de la marisma o sus huevos fritos con boquerones.
De Bajo Guía, con permiso de Su Majestad Casa Bigote (restaurante o barra), nos podemos quedar con todo. Joselito Huerta, El Poma, Avante Claro (tapería y restaurante), El Mirador de Doñana, Casa Juan… En segunda línea de Bajo Guía también puede uno perderse por la Peña Bética o por la peña El Cincho.
De ahí al barrio Alto, en el bar de la sede del Partido Comunista, o el Bar Conejo o La Espuela II. Y por supuesto El Espejo, recomendado por la Guía Michelín.
La plaza del Cabildo ha caído en parte en las redes de lo excesivamente comercial, pero todavía se escapa la taberna Puerta de la Victoria y sus maravillosas tortillitas de camarones. Casa Balbino y Barbiana son las opciones clásicas. Y no muy alejado del circuito, El Lantero.
En la zona de la Calzada, El Veranillo de Santa Ana y el gastrobar Doña Calma son garantía. Y en la misma bodega Hidalgo La Gitana, Entrebotas es un lugar idílico.
En el entorno de la avenida del Quinto Centenario, merece una visita Caña Lerma y por supuesto el tapeo castizo de Casa Perico.
De Sanlúcar hasta su prolongación natural hacia Chipiona, sin entrar en el debate sobre la cuna del langostino. perdido entre invernaderos y huertas, pero con unas vistas únicas a Doñana, se encuentra Saam. Vale la pena superar el laberinto de carriles hasta llegar a uno de los paraísos indiscutibles de la costa Noroeste. No pierdan de vistas los arroces secos al atardecer.
En Chipiona, Casa Paco en el puerto, la Venta Aurelio, Franchi, El Faro de Chipiona, El Gato o Awa son excelentes opciones, cada una con su personalidad y su público.
En el mismo término municipal de Chipiona, pero lindando con Rota, encontramos uno de los vergeles de la costa gaditana. La playa de las Tres Piedras, con un entorno todavía salvaje y agreste, puede presumir de contar con un buen ramillete de restaurantes: La Manuela (maravilloso marisco y atún, sin olvidar el arroz prohibido), El Ajedrez, El Chinini…
Llegando a Rota, el mestizaje cultural se refleja en la gastronomía, con el mayor número de pizzerías por habitante del mundo (Slice, Forestal, Parra, Villa de Rota, Me Gusta, Pink Pepper…), y de hamburguesas, con Little John en primer fila por su calidad, pero sin olvidar el Asador Fuego, con sus carnacas y el espectacular sándwich de pastrami; el Sedona Grill o el Noniná.
En La Costilla, al restaurante Badulaque le ha salido un hermano pequeño, Cositas Buenas. Y a la espalda del Hotel Caribe, el Kammala sigue siendo una excelente opción para una cena acogedora y de calidad.
La contribución del Grupo HACE, con los hoteles Playa de la Luz y Duque de Nájera, va mucho más allá y entronca con el buen servicio que dan sus restaurantes, La Gaviota y El Embarcadero.
El veraneo clásico de El Puerto está lleno también de opciones. En la carretera de Fuentebravía, El Laúl es caballo ganador. Pero también El Faro o La Rufana, a los que se ha sumado en los últimos años Piparra. Dentro del centro comercial de Vistahemorsa, Plato al Centro, Sarmiento y Kamikaze.
El centro de la ciudad está también minado de múltiples posibilidades, como Los Portales o el Bar Gonzalo. Pero no olvidemos el estrellado Tohqa y por supuesto La Taberna del Chef del Mar, hermano pequeño de A Poniente, en su fortín del molino de mareas.
Romerijo es la opción más socorrida para miles de veraneantes, y en La Puntilla hay también un ramillete de locales interesantes para disfrutar.
Otro de los puntos fuertes es Puerto Sherry, con establecimientos tan solventes como Berdó, Bitácora o Amarola, además de otras opciones variadas conforme vamos acercándonos a la playita del viejo fortín de Santa Catalina.
Valdelagrana tiene voz propia en El Puerto. En su califato independiente ha ido reuniendo una serie de restaurantes distintos que componen unidos una propuesta tan plural como de calidad. La Bodega Jerezana, Juan Antonio, El Sapo, Albahaca, Maria Regina o La Terracina son alternativas todas ellas muy fiables.
En Cádiz ciudad las opciones se mutiplican vertiginosamente. Además del mítico El Faro y el Ventorrillo El Chato, no olviden la cita con La Marea, ni con los nuevos locales que han hecho subir la calidad media: Código de Barra, Antipodacádiz, Almanaque, On Egin, Quilla, la Taberna del Anteojo. Lugares clásicos como Las Banderas, la taberna La Manzanilla, el bar de la peña flamenca Juanito Villar, el Nebraska, La Cepa Gallega, Atxuri, Los 12 hijos de Juan…
En medio de una bahía de Cádiz hasta los topes, Puerto Real no es la localidad más concurrida. Allí encontramos una de las aperturas más destacadas, Ultramarinos El Calvo, pero también clásicos como El Dorado, el bar con mejor relación calidad-precio de España.
En San Fernando, las opciones son infinitas. Desde los Tarantos hasta La Gallega, pasando por el Bodegón Andalucía, Bodegón El Rocío o Casa Miguel.
La lista se hace interminable cuando llegamos a Chiclana, con La Barrosa, Novo Sancti Petri o Cabo Roche cuajados de posibilidades. El Restaurante Cataria, El Timón de Roche, Zurga, Nova Sunset Club, Atripiko, La Casa del Farero, La Almadraba y por supuesto Alevante, de Ángel León, destacan dentro de una amalgama de locales de temporada cuya fiabilidad hay que poner en cuarentena.
En el veraneo clásico de Conil tienen cabida los que funcionan desde siempre y durante todo el año. La Fontanilla, Francisco Fontanilla, Venta Melchor y Cooking Almadraba son apuestas sobre seguro. En el centro del pueblo, Il Localetto oferta auténtica cocina italiana para tomar allí o para llevar. Ojo a su porchetta.
Casa Juan, Casa Francisco el de Siempre, La Torre, Venta Piñero, El Alférez y Casa Reyes, en la zona de El Palmar.
Llegando a Vejer, en Zahora viene haciendo muy bien las cosas Sajorami Beach, y en Los Caños, Rumbo, La Breña o La Quilla.
La Castillería, Patría o la Venta El Toro son atractivos también fuera del casco urbano, como la Venta Pinto en La Barca de Vejer. Ya en el casco urbano, El Claustro Restaurante Jardín cumple su décimo aniversario, y El Jardín del Califa o L´Aperó sigue siendo una opción interesante para los visitantes.
Hace años, para comer atún rojo de almadraba en condiciones había que ir expresamente a Barbate. Hoy no es necesario, pero la localidad, y su pedanía de Zahara, sigue siendo garantía. En Barbate, El Campero sigue siendo el emporio que siempre fue y que esperemos que el grupo hostelero que lo ha adquirido lo mantenga mucho tiempo. Crucemos los dedos. Yoko es otra forma de mostrar las bondades de los túnidos que son capturados frente a las costas barbateñas. Pero Barbate tiene más alternativas, como la Cervecería la Rubia y sus frituras marineras únicas.
En Zahara de los Atunes, me quedo con las apuestas de siempre sobre seguro. Restaurante Antonio, La Sal, Juanito y Casa Blas, además de la pizzería de Cristóbal, nada más entrar en el pueblo a mano derecha.
Bolonia ya no es el paraíso natural de hace décadas. La guardia civil se ve obligada incluso a cortar el acceso desde la 340 porque hay días que no es posible encontrar ni un solo aparcamiento. Si tienen la suerte de que sí, Las Rejas es una opción más que interesante para comer un buen pescado fresco.
En Algeciras, La Esquinita, en la playa del Rinconcillo, o Cepas, en Getares, son opciones interesantes. En Palmones, la pedanía de Los Barrios a la que o le caben más buenos restaurantes por metro cuadrado, El Copo, Casa Mané o el Willy son apuestas seguras.
En La Línea de la Concepción, Hermanos Tomillero, Casa Carlos y Eduardo, El Rincón de Juan o La Chimenea son opciones a tener en cuenta.
Cerramos en Sotogrande, donde reina el Ké, con permiso de El Trocadero, La Provence o El Patio.