Lapidado injustamente en la plaza del pueblo

Sus dislates lingüísticos fueron elementos secundarios subordinados a las reflexiones troncales sobre la independencia judicial y la responsabilidad de Podemos

El Parlamento andaluz recuperó el pasado jueves una de sus dudosas prácticas, tanto por su legalidad, consecuencias reales y el daño que a la imagen de la política provoca. En un ejercicio más propio de un linchamiento público, la cámara autonómica reprobó al consejero de Justicia e Interior, Emilio de Llera, por cuestionar la independencia de jueces y fiscales, y por vaticinar que Podemos será castigado en las urnas al permitir que Mariano Rajoy siga de presidente en funciones y se repitan las elecciones. Estas dos opiniones, que tienen o pueden tener muchos adeptos, pasaron a un segundo plano al emplear De Llera desafortunadísimas expresiones como tildar de “enferma” la sociedad si la formación morada logra más votos el 26-J y al comparar la independencia judicial con la que gozó Hitler para “hacer lo que hizo”.

De Llera pidió perdón en menos de 24 horas. Pocas voces, salvo las de la presidenta de la Junta y contados dirigentes socialistas, han aceptado estas disculpas. A mí también me vale su rectificación, pero no porque ‘regalase’ una enorme repercusión a Acento Andaluz de Ondaluz Tv donde efectuó estas declaraciones. Ni esta cadena ni quien firma como director de este programa le deben nada al consejero. Me sirve su perdón exclusivamente porque sus dislates lingüísticos fueron elementos secundarios subordinados a las reflexiones troncales sobre la independencia judicial y la responsabilidad de Podemos por la repetición electoral, que nacen de la libertad de expresión que más que nadie deben proteger y mimar los periodistas.

Por ello, la reprobación me produjo una enorme tristeza al observar cómo los grupos que la apoyaron se aproximaron al necio que mira el dedo que señala a la luna antes que al satélite natural de la Tierra. Y, puesto que ya se ha abierto la veda, ¿por qué no reprobamos al popular Rafael Hernando, quien comparó a Andalucía con Etiopia por ofrecer 3 comidas al día a los niños en peligro de exclusión social? ¿O a Teresa Rodríguez por comparar a Andrés Bódalo, ex concejal de Podemos condenado por agresión, con el poeta Miguel Hernández, quien se pudrió como preso del franquismo en la cárcel hasta la muerte?
En adelante, que se anden con ojito sus señorías cada vez que abran la boca porque han limitado su ejercicio del Derecho a la Libertad de Expresión que establece la Constitución como garantía para la formación de una opinión pública libre, uno de los pilares del Estado democrático.