¿Y si Podemos…?
Cada día que pasa tengo menos idea de lo que va a ocurrir. Cada semana encuentro menos certezas sobre el futuro político inmediato de este país. Y, para colmo, cuántas más dudas tengo, más veces escucho la misma pregunta: ¿habrá finalmente elecciones? A lo que respondo desde hace tiempo con las idénticas palabras de ignorancia: “Ni idea”. A renglón seguida, apostillo: “Y quien diga que sabe lo que va a pasar, miente o especula porque ni siquiera los partidos saben qué van a hacer”.
Lo más evidente, si atendemos al sentido común de cualquier manual de ciencia política, es que el 26 de junio los españoles tengamos que votar de nuevo -como si el 22 de diciembre hubiéramos votado mal-. Pedro Sánchez sólo ha logrado pactar con Albert Ribera, mientras Pablo Iglesias ha confirmado con sus hechos que nunca quiso acordar y Mariano Rajoy se esfumó desde un primer momento en una exasperante demostración de su inacción llevada al límite. Así las cosas, tras insoportables semanas de tacticismo miope y cortoplacista, los partidos empiezan a activar sus maquinarias electorales, a recoger avales internos y a lanzar mensajes sobre el o los culpables de la repetición de unas comicios que pueden resultar soporíferos.
Dicho todo esto, me pregunto: tras la semana apocalíptica del PP (el ex ministro Soria, sus mentiras y dimisión; el ex presidente Aznar y la multa de Hacienda por defraudar al fisco; la detención del alcalde de Granada José Torres Hurtado; la modificación a la baja de la previsión de crecimiento económico éste y el próximo año, y el ridículo del ministro Montoro al exigir lo imposible a las comunidades autónomas que tanto han aportado en los últimos años a la estabilidad presupuestaria del Estado), ¿cómo podría tener Rajoy una segunda oportunidad para mantener el Gobierno central? Y si, ante este escenario, Pablo Iglesias opta por un giro sobre la campana –como ocurrió en las últimas 48 horas en Cataluña- y permite un gobierno del PSOE con el apoyo de Cs y su propia abstención. Así lograría matar dos pájaros de un tiro, piensan muchos ideólogos en su mismo partido: acabaría con el presidente del Partido Popular y, de paso, podría certificar la lenta defunción del PSOE al ocupar en solitario la franja de la izquierda desde una feroz oposición a Pedro Sánchez. Son sólo algunas preguntas que ahora me planteo sin tener –insisto- ninguna certidumbre sobre las respuestas correctas.