Raquel Ortega (Asociación Gama): “Hay que extender más allá de las consultas de salud mental la red de protección”

Miembros de la asociación Gama, hoy, en el Paseo de los Álamos.

“Es necesario invertir en las personas y colectivos más vulnerables con trastornos de salud mental graves, personas sobrevivientes y familiares, reducir el dolor social”, se reclama desde Gama en el Día Mundial para la Prevención del suicidio

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la asociación Gama ha organizado en el Paseo de los Álamos un acto en el que se ha tratado de dar visibilidad a un problema de salud de primera magnitud en Alcalá y comarca, al tiempo que ha servido de espacio reivindicativo para recordar todo aquello que se puede hacer para prevenir la depresión y el suicidio. “La prevención comienza en lo cotidiano. Sabemos que hablar de ello no es fácil pero callar no ayuda. Hablar salva vidas”, ha comenzado subrayando Raquel Ortega, miembro de la asociación, quien ha ofrecido datos categóricos: “La Organización Mundial de la Salud estima que en el mundo se quitan la vida 700.000  personas al año. En España en el año 2024 fallecieron 3.847 personas. Después del cáncer, es la segunda causa de muerte en nuestro país. Eso supone 11 personas al día. Es un problema social y mejora cuando se implica toda la sociedad. Todos podemos ser agentes de prevención (corchos). La lucha contra el estigma es un pilar esencial. Sin una verdadera apertura y comprensión social, las personas afectadas no encontrarán el espacio seguro necesario para buscar ayuda. El estigma alimenta el miedo, no solo en quienes piensan en suicidio, sino también en quienes les rodean. Involucrar a todas las administraciones públicas en mejorar la atención a personas en riesgo y colectivos vulnerables, extender más allá de las consultas de salud mental la red de protección para que hogares, centros sanitarios, residencias, centros educativos, entornos laborales puedan convertirse en un lugar seguro donde hablar de forma natural, respetuosa, sin dramatismo ni banalización y que ese sufrimiento no sea un tabú sino una oportunidad de seguir acompañados”.

Inversión en colectivos vulnerables

“Podemos legitimar su dolor, validar su experiencia  y entender sus circunstancias pero pidiendo ayuda. Con una mirada más compasiva donde sustituyamos el silencio y el miedo por empatía (te comprendo) y por acción (voy a ayudarte y a estar contigo en esto). La vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad. Hay que invertir en las personas y colectivos más vulnerables con trastornos de salud mental graves, personas sobrevivientes y familiares supervivientes de suicidio, enfermedades físicas crónicas que puedan generar discapacidad, personas con adicciones, víctimas de violencia, abuso o maltrato, personas sin recursos, minorías sociales… Reducir el dolor social. Tan importante es atender a personas con enfermedad mental como con exclusión social”.

Lo que se puede hacer

“¿Qué podemos hacer para la prevención? Promover la salud física, mental y emocional; reconocer la enfermedad o el problema y atenderla con recursos comunitarios accesibles, sanitarios y de protección social; promover que las personas afectadas pidan ayuda; mejorar la detección temprana y garantizar el apoyo en momentos críticos; crear espacios seguros; alfabetizar en salud mental; fomentar una cultura de acompañamiento, escucha y apoyo; sensibilizar, concienciar, eliminar el estigma social; la comunicación ética en conferencias, charlas, formaciones con profesionales y a través de los medios y redes; humanizar el lenguaje, la palabra importa; cambiar la forma de hablar del suicidio; hablar de prevención y atender a personas de núcleos y zonas rurales. Proteger a los niños/niñas y adolescentes del maltrato, abuso, violencia o acoso. Enseñarles habilidades para gestionar sus emociones. Prevención sobre el consumo de drogas y la exposición a entornos digitales nocivos; crear programas de apoyo emocional comunitario para personas mayores donde puedan hablar sobre el dolor y la soledad no deseada. Que se sientan valorados, conectados y apoyados. La perspectiva de género resulta fundamental para entender y abordar la conducta suicida en cada etapa de la vida. En los hombres mayores, aspectos como el aislamiento social y los estereotipos de masculinidad dificultan la expresión emocional y el acceso al apoyo, lo que incrementa su vulnerabilidad. Hay que fomentar campañas específicas para la prevención del suicidio masculino Factores como la socialización femenina respecto a los cuidados, la expresión emocional a través del cuerpo y unas condiciones de vida más precarias pueden influir en la presentación de conducta suicida diferencial entre los hombres y las mujeres. Por eso gestos cotidianos como una sonrisa, una mirada, un abrazo, escuchar, estar presentes, dedicar tiempo ayudan a la prevención”, ha concluido.