El arte sacro del tallaje, falto de mano de obra y formación: "No se cobra como arte, sería inviable"

Tallaje del paso de la Hermandad San Miguel-Corpues Minerva de Jerez de la Frontera | EP
El gaditano Manuel Oliva, reconocido tallista de San Fernando, expone la situación en su oficio

El oficio del tallaje en la Semana Santa constituye un arte fundamental, aunque poco conocido, ya que interviene en cada paso y en los elementos de madera y orfebrería que componen el cortejo de las hermandades. Esta labor demanda una elevada especialización y una mayor mano de obra, aspectos que no siempre se reflejan adecuadamente en los presupuestos ofrecidos, según explica el reconocido tallista gaditano Manuel Oliva, de San Fernando.

Desde su taller, Oliva se dedica a la talla artística y carpintería en arte sacro, con una amplia clientela compuesta casi en su totalidad por cofradías, no sólo de Andalucía, sino también de regiones como Valladolid, Ávila o Galicia, e incluso del extranjero. Sin embargo, subraya que los proyectos en su provincia poseen un valor sentimental especial, dada su vinculación desde la infancia con la tradición cofrade y la Semana Santa local.

Su primer acercamiento a este mundo fue a través del interés por los pasos de madera, en detrimento incluso de las imágenes religiosas. Esta inclinación hacia la carpintería le condujo a profesionalizarse en este oficio, tras formarse en Bellas Artes en Sevilla y bajo la tutela de un maestro, desarrollando finalmente un estilo propio.

Tras completar sus estudios, retornó a San Fernando para abrir su taller, donde sus primeras obras destacadas fueron La Borriquita del Puerto de Santa María y El Despojado de Cádiz. Reconoce que abrirse paso en este sector es complicado, dada la limitación del mercado, y que la confianza inicial de las hermandades locales fue clave para obtener mayores encargos.

Comienzos y proceso creativo en el tallaje

En palabras de Oliva, "los comienzos no son fáciles; hasta que el boca a boca hace que tu trabajo se valore, es complicado". Considera que estar en Sevilla hubiese facilitado captación de encargos por la mayor visibilidad que proporciona la capital hispalense. En cuanto al proceso creativo, destaca que inicia con el contacto directo con la hermandad, que en ocasiones plantea un estilo concreto o deja a los artesanos la elaboración de propuestas adaptadas a la identidad corporativa.

Una vez aprobado el diseño a escala por la cofradía, se construye la estructura en carpintería y la talla evoluciona por fases según la capacidad económica de cada hermandad. Algunos proyectos se finalizan en uno o dos años, mientras que otros de mayor envergadura requieren un plazo mayor: "Esto es como hacerse una casa, puedes gastar poco o una millonada".

La complejidad del trabajo y la cadena artesanal

Oliva subraya la exigencia de precisión en todas las fases, ya que un error en el diseño o en la construcción puede afectar considerablemente la calidad final. Este proceso se complementa con tareas posteriores como el barnizado y dorado, que igualmente inciden en el resultado final. "Es un conjunto de fases que deben realizarse lo mejor posible", indica.

En su taller, combina maquinaria moderna para la carpintería con técnicas manuales en la talla, limitando el uso de herramientas eléctricas a funciones específicas como taladros y sierras para dar forma al diseño. Resalta que la imagen titular de cada paso es el elemento principal de devoción, pero su impacto visual mejora sustancialmente al ser enmarcada por un soporte tallado y trabajado junto con otros artesanos.

Ilusión, proyectos y retos del sector

Su perspectiva sobre el tallaje equipara esta labor al trabajo de un cantautor: "intenta que todas sean buenas, pero cuando salen al público hay algunas que gustan más que otras". Actualmente trabaja en dos nuevos diseños para hermandades de San Fernando, uno renacentista con toques grotescos y otro pendiente de aprobación eclesiástica para iniciar la carpintería tras Semana Santa.

El ritmo de trabajo en su taller se divide equitativamente entre períodos de labor intensa y pausas obligadas por la firma de contratos y planificación de encargos futuros, ya cerrando proyectos para 2027. Respecto a la mano de obra, afirma que sería posible duplicar la plantilla debido al volumen de trabajo, pero que la falta de personal especializado limita esta expansión.

Por ello, están en marcha gestiones con asociaciones de arte sacro para impulsar desde la administración pública la formación en el sector, especialmente en orfebrería y talla en madera. Según Oliva, formar a un aprendiz representa un coste importante durante al menos dos años hasta alcanzar la cualificación necesaria, lo que dificulta su incorporación inmediata al taller.

Finalmente, el tallista hace un llamamiento para que tanto la sociedad como las hermandades reconozcan el valor artístico de este oficio, entendiendo que son creaciones que requieren tiempo y cuidados, y cuyo presupuesto ajustado no refleja su valor real, pues cobrar ese valor auténtico sería inviable.