La cara oculta del Gordo: por qué tantos premiados acaban con menos dinero

Premios de la Lotería en el Gato Negro, en Cádiz. | Eulogio García
Andalucía espera la llegada del sorteo más deseado del año y los expertos alertan de que una mala gestión puede diluir incluso el premio mayor

El 22 de diciembre vuelve una de las citas más esperadas del año: el sorteo de la Lotería de Navidad. En esta edición se repartirán 2.772 millones de euros, setenta más que en 2024, con 198 millones de décimos a la venta y un gasto medio previsto de 76,08 euros por español, según SELAE. La magnitud del sorteo convierte cada décimo en una puerta abierta a un cambio vital inesperado, lo que lleva a muchos ciudadanos a preguntarse cómo gestionar adecuadamente un premio.

Recibir una cantidad elevada sin esperarlo puede generar entusiasmo, pero también decisiones impulsivas. El dinero procedente de premios se percibe de forma distinta al fruto del trabajo, lo que aumenta el riesgo de cometer errores financieros. Por este motivo, los expertos de Abante, entidad independiente especializada en asesoramiento financiero y gestión de activos, recomiendan tomarse un tiempo para reflexionar sobre los objetivos vitales antes de actuar. Como recuerda un análisis de EFPA, el 70% de los premiados con la Lotería de Navidad “tiene mucho menos dinero cinco años después de haber ganado el premio”, una advertencia que subraya la necesidad de planificación. Además, conviene recordar que el décimo debe cobrarse en un plazo máximo de tres meses.

Este periodo de reflexión permite contextualizar el dinero dentro de los planes personales, familiares y profesionales, proyectar necesidades futuras y entender cómo se integrará el premio en el patrimonio global. El objetivo de esta planificación es evitar decisiones apresuradas influenciadas por la euforia inicial, como compras impulsivas o inversiones inadecuadas. Para ayudar en este proceso, el equipo de Asesoramiento Patrimonial de Abante ha elaborado un documento con los aspectos clave que deben tenerse en cuenta.

Uno de los primeros puntos que surgen es la fiscalidad del premio. Hacienda solo retiene cuando la cantidad supera los 40.000 euros, aplicando un tipo del 20% sobre el exceso. Así, del primer premio —400.000 euros— se tributa por 360.000 euros, lo que implica que el ganador recibirá 328.000 euros, mientras que el Estado se queda con 72.000 euros. El segundo premio deja 17.000 euros en impuestos y el tercero, 2.000 euros, mientras que los cuartos y quintos están exentos. Si se quiere donar parte del dinero a un familiar, puede existir un coste fiscal adicional, ya que en algunas comunidades autónomas se debe tributar por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones si no se acredita que el décimo era compartido.

Una vez entendida la fiscalidad, llega el momento de analizar cómo encaja el premio dentro del patrimonio total. Un asesor financiero evaluará elementos como la situación financiera actual, la capacidad de ahorro, los ingresos futuros, las deudas, la edad prevista de jubilación, la situación familiar, la aversión al riesgo y el incremento de la esperanza de vida, con el fin de determinar si el importe recibido permite alcanzar los objetivos o si existe un déficit que deba cubrirse mediante la inversión.

Pese a ello, es habitual que los ganadores mantengan el dinero inmóvil en cuentas corrientes. Sin embargo, la inflación reduce el poder adquisitivo con el paso del tiempo. Por ejemplo, los 328.000 euros que deja el primer premio equivaldrían a 220.734 euros dentro de 20 años si no se invierten, tomando como referencia el objetivo del BCE del 2% anual. Por ello, es clave definir el objetivo financiero, es decir, la diferencia entre el patrimonio disponible y el necesario para cumplir las metas vitales. Esa brecha determinará qué nivel de riesgo se puede asumir y qué tipo de cartera resulta adecuada.

En este contexto, profesionalizar las decisiones de inversión es fundamental: decidir qué parte del premio conviene invertir, qué riesgo es el adecuado y qué activos encajan mejor según el horizonte temporal y las necesidades de liquidez. Un asesor ayudará a distribuir el patrimonio entre los tres grandes bolsillos: financiero, inmobiliario y empresarial. El financiero, el más líquido y dinámico, suele estar formado por fondos de inversión y planes de pensiones, y requiere una diversificación adecuada por sectores, zonas geográficas y tipos de activos. Con un horizonte temporal extenso, se puede asumir un mayor nivel de riesgo: por ejemplo, para obtener una rentabilidad anual del 4% sería necesaria una cartera con un 50% en renta variable.

El bolsillo inmobiliario incluye las viviendas destinadas al uso o disfrute y, en algunos casos, aquellas que generan rentas. En España, el 77% de los ciudadanos posee al menos una vivienda y el 17% tiene dos, lo que refleja la importancia del ladrillo en la estructura patrimonial del país. Para invertir en este ámbito es recomendable diversificar por localización, uso y origen de las rentas, y considerar también alternativas como fondos o socimis.

El bolsillo empresarial, por su parte, abarca negocios propios y participaciones en compañías no cotizadas, así como inversiones alternativas como capital privado, infraestructuras o deuda privada, que permiten diversificar más allá de los mercados tradicionales. Su integración debe ser coherente con el patrimonio total, valorando factores como la iliquidez, el horizonte temporal y los límites recomendados para estos activos.

Otra decisión frecuente entre los premiados es amortizar la hipoteca, aunque no siempre es lo más conveniente. Todo dependerá de si la rentabilidad que se podría obtener invirtiendo el dinero supera el coste del préstamo. Además, quienes adquirieron su vivienda habitual antes de 2013 disfrutan de una deducción del 15% en el IRPF, aplicable sobre un máximo de 9.040 euros anuales. Cancelar la hipoteca puede hacer que se pierda este incentivo fiscal, por lo que conviene analizar cada caso con detalle.