Vergüenza

Hace cosa de una semana, gracias a la invitación del Área de Promoción y Turismo de Diputación Provincial, tuve la oportunidad de ser uno de los acompañantes...

Hace cosa de una semana, gracias a la invitación del Área de Promoción y Turismo de Diputación Provincial, tuve la oportunidad de ser uno de los acompañantes de varias personalidades del mundo cultural judeo-israelí. En concreto visitaron la ciudad de Jaén Yubal Baruch, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, Daniel Shukron, de la compañía responsable de la reconstrucción de la Ciudad Vieja de Jerusalén e Isaac Chocrón, de la Comunidad Judía de Madrid. El objeto de su viaje fue conocer el yacimiento arqueológico de Cástulo, que tanto tiene aún por mostrar al mundo y en el que apreciaron con interés unas lucernas decoradas con el símbolo judío del candelabro de siete brazos (Menorah), entre otros elementos de interés. Se trataba de un viaje cuyo origen está en un reciente intercambio entre la Cámara de Comercio de Linares y el estado de Israel, intercambio que es patente está dando frutos tempranos, no sólo a nivel científico y cultural sino también, y me consta, en el ámbito comercial.


Tras conocer Cástulo, el objetivo de su desplazamiento, conocieron Úbeda y Baeza y finalizaron su recorrido en la ciudad de Jaén, en la que se les preparó una visita guiada por la historia judía de la mano de la guía local Eva de Dios. Fue así que pudieron conocer algunas calles del barrio judío, acceder a algún domicilio particular, conocer la escultura dedicada al ilustre judío jaenés Hasday ibn Shaprut y saber de los restos arqueológicos de la Plaza de los Huérfanos y del Monumento a la Diáspora de la misma.


La anécdota que quiero destacar de esa visita surgió cuando visitamos la sede Sabetay Djaen, de la Universidad Popular Municipal de Jaén, para mostrarles la copia que allí se exhibe de un posible “yad” o puntero judío para la lectura de la Torah. La apreciaron con detenimiento y se entretuvieron en preguntar sobre las fotografías que, junto a la vitrina del posible puntero, muestran cómo eran los restos arqueológicos hallados en ese solar. Fue entonces cuando preguntaron dónde se halló el puntero exactamente. Les indicamos la fotografía de la bodega medieval (s. XIV), en la que fue hallado y, válgame Dios, preguntaron cómo podían acceder a la misma.


Uno está acostumbrado a sentir vergüenza ajena por algunas de las cosas que se hacen en Jaén y, en ésta ocasión, fue mayúscula. ¿Cómo les explicamos que una bodega que llegó a ser documentada como posible sinagoga no se conservó? ¿Cómo podíamos explicarles que en los proyectos que se vienen desarrollando en el barrio judío medieval nunca se plantea la integración de restos arqueológicos y, menos aún, su puesta en valor para poder ser conocidos por potenciales visitantes, como era el caso? Ellos no entendían que no se hubieran puesto en valor los restos arqueológicos y nosotros… en fin, para que escribir más…