La cocaína, la droga que más daño causa entre los presos de Botafuegos

Atiende a internos con gran vulnerabilidad, patologías duales y poca red de apoyo, y defiende que la recuperación requiere guía profesional y un cambio de mirada social
Terapias de Proyecto Hombre en Botafuegos.
Terapias de Proyecto Hombre en Botafuegos.

“La cocaína es la droga que más daño deja en prisión”. Así lo asegura una de las terapeutas de Proyecto Hombre que trabaja cada semana en el centro penitenciario de Botafuegos, en Algeciras, donde la entidad mantiene un programa específico para personas privadas de libertad que solicitan ayuda para abordar su adicción. Aunque dentro de la cárcel se atiende un alto porcentaje de policonsumidores, ella lo tiene claro: “cuando preguntas qué droga les ha causado más daño, casi siempre responden lo mismo: la cocaína”.

La entidad desarrolla en Botafuegos un programa de intervención, que cuenta con la coolaboración de la Autoridad Portuaria, dirigido a cualquier interno que padezca una adicción y decida iniciar un proceso de cambio. No es un tratamiento impuesto: son ellos quienes piden incorporarse. Una vez dentro, participan en terapias de autoayuda y rehabilitación enfocadas en la reinserción social y en alejar a las personas del consumo de sustancias.

La terapeuta explica que trabajar dentro de prisión exige adaptar cada pauta a un entorno especialmente complejo:“En prisión te encuentras con personas de contextos más vulnerables y con un porcentaje muy alto de patología dual”.A ello se suma, con frecuencia, la falta de apoyo familiar o social.

La privación de libertad condiciona el proceso, pero también la historia personal de muchos internos, marcada por abandono, traumas o infancias muy adversas. En el caso de las mujeres, la situación es aún más dura. Según la terapeuta, las internas con las que trabajan presentan contextos “mucho más vulnerables” y cargas emocionales más pesadas: maltratos, pérdidas de custodias o una acumulación de vivencias que, en ocasiones, resultan difíciles incluso para el propio equipo profesional: “Alguna vez me he desmoronado con ellas”.

El reciente traslado de un interno a la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre en Jerez ha supuesto un motivo de satisfacción para el equipo. “Se vive con gratificación”, afirma. No es un simple traslado: implica que la persona accede a un programa integral, más amplio y estructurado, en un centro especializado.

Una de las principales barreras aparece en el inicio del proceso. Muchos internos llegan sin creer que realmente puedan cambiar y con una motivación externa vinculada a beneficios penitenciarios.“La prioridad para estas personas es salir cuanto antes, y eso hace que a veces vean el programa como un medio para ‘hacer las cosas bien’”, explica.

El reto del equipo consiste en lograr que ese impulso se transforme en un compromiso personal y sostenible en el tiempo, especialmente para evitar recaídas durante los permisos o tras la puesta en libertad. Proyecto Hombre recuerda que la adicción no es una elección y que la recuperación depende del apoyo profesional, el grupo y, cuando existe, la familia.