El Festival de Cine de Málaga reunirá esta edición 263 obras audiovisuales de 71 países

La sección oficial a concurso contará con 22 largometrajes, 12 españoles y 10 latinoamericanos
Foto de familia tras la presentación./Festival.
Foto de familia tras la presentación./Festival.

Cada primavera, Málaga adopta un ritmo distinto. Las marquesinas cambian de conversación, las salas se llenan desde primera hora y el bullicio del centro histórico se mezcla con cámaras, acreditaciones y estrenos. No es solo la llegada de visitantes ni la alfombra roja extendida frente a los teatros: es el regreso del Festival de Málaga, que del 6 al 15 de marzo celebrará su 29ª edición consolidado como escaparate del cine en español y espacio de encuentro cultural y profesional.

El certamen proyectará este año 263 audiovisuales seleccionados entre 2.883 inscritos —un 5% más que en la edición anterior— y procedentes de 71 países, una cifra que evidencia su creciente proyección internacional. Aunque el peso de la producción española sigue siendo dominante —dos tercios de las obras inscritas—, la presencia de cine latinoamericano confirma el papel del festival como puente entre territorios creativos que comparten idioma y sensibilidad narrativa.

El corazón de la programación volverá a latir en la sección oficial, donde competirán 22 largometrajes —12 españoles y diez latinoamericanos— con la aspiración de ofrecer una radiografía plural del momento audiovisual iberoamericano.

A ellos se suman otras 21 películas fuera de concurso, incluidas las sesiones especiales de apertura y clausura. La gala inaugural estará marcada por la proyección de Calle Málaga, de Maryam Touzani, mientras que el cierre correrá a cargo de La familia Benetón +2, poniendo el broche final a diez días de proyecciones y encuentros.

No solo largometrajes

La programación se expande más allá de los largometrajes: series, documentales, cortos y secciones temáticas completan un mosaico que va del cine social al gastronómico, de la reivindicación de derechos al diálogo entre continentes.  

El auge del formato seriado se refleja en la presencia de producciones vinculadas a plataformas, señal de cómo el festival adapta su mirada a los cambios del sector audiovisual.

Una de las constantes del certamen sigue siendo su apoyo al talento emergente: casi un tercio de las obras presentadas eran óperas primas, síntoma de un espacio que funciona también como puerta de entrada para nuevas voces.

En paralelo, la presencia femenina mantiene niveles cercanos al 40% en la selección final, reflejo de un equilibrio buscado en la representación creativa.

Más allá de las pantallas

Pero el festival no se agota en las pantallas. Su dimensión cultural se despliega en la ciudad a través del área de industria Mafiz, donde productores y creadores tejen redes de colaboración y coproducción, con Panamá como país protagonista este año. Exposiciones, encuentros y actividades abiertas —desde el espacio solidario en la plaza de la Merced hasta el ciclo que vincula audiovisual con ciencia y tecnología— dibujan un mapa cultural que conecta al público con la creación contemporánea y con el patrimonio cinematográfico.

La memoria y el reconocimiento ocupan también un lugar central. Rossy de Palma recibirá el Premio Málaga, mientras que Natalia Oreiro será distinguida con la Biznaga de Honor, en una lista de homenajes que alcanza a nombres como Victoria Vera o Francisco Lombardi y que convierte cada edición en un acto de celebración colectiva del cine y sus trayectorias.

Y volverá a dialogar con la ciudad a través de sus espacios culturales y expositivos. La calle Larios acogerá la muestra fotográfica Fuera de plano, con imágenes de Amparo García tomadas en la pasada edición, mientras que el MUCAC dedicará una exposición al cineasta Val del Omar.

El certamen culminará el 15 de marzo con el tradicional maratón de proyecciones en las salas del Albéniz y Rosaleda y un concierto de clausura a cargo de Luz Casal, cerrando un ciclo que va más allá de lo cinematográfico. Porque durante esos diez días Málaga no solo exhibe películas: se transforma en punto de conversación cultural, en escenario de intercambio creativo y en escaparate de un cine que sigue buscando su identidad en la diversidad de voces que lo construyen.