Hollywood: el paraíso de los finales felices
Ryan Murphy ha sido al mundo de las series durante los últimos años lo que Baz Luhrman al del cine: un apasionado de los excesos. Situar su última creación en los años dorados del Hollywood de los grandes estudios era, por tanto, una invitación a la prudencia; sin embargo, los excesos no vienen en este caso de una luminosa y sugerente puesta en escena, sino desde la vertiente argumental, con la que reescribe y reinventa la propia historia de la meca del cine, convertida aquí en un universo paralelo en el que las mujeres se ponen al mando de los estudios, los homosexuales salen del armario y el racismo queda reducido a cenizas: para algo Hollywood fue siempre el paraíso de los finales felices.
En este sentido, Murphy toma al pie de la letra una de las célebres frases que describen al séptimo arte -“el cine es una gran mentira contada a 28 fotogramas por segundo”- para convertir su serie en una gran mentira, incluso a partir de un argumento naíf, pero posibilitando otras apreciables lecturas bajo su destelleante superficie, entre las que sobresale la poderosa influencia de las propias películas para moldear la moral y la sociedad estadounidenses de la mayor parte del siglo XX. La pregunta no tiene desperdicio: ¿qué hubiese ocurrido si el cine, en vez de asumir códigos puritanos, creencias insalvables y posiciones radicales, hubiera contado desde la llegada del sonoro romances apasionados entre hombres, ofrecido papeles protagonistas a actrices negras y multiplicado la presencia femenina entre los directivos de los grandes estudios?
Eso es, en el fondo, lo que plantea Murphy en este Hollywood que se nutre de la vida y anécdotas de personajes y situaciones reales para dar sentido a esta otra atractiva y entretenida ficción, que adolece asimismo de cierta consistencia a partir de su idealizada ensoñación de un imposible y su empeño por convertirlo en alegato o acto de justicia, en el comienzo de algo que todavía tardaría muchas décadas en hacerse presente.
En realidad, basta con asomarse al documental sobre la vida de Scotty Bowers -uno de los personajes reales de los que parte la serie- para entender que todo era mucho más sórdido, oscuro y perverso que esa amalgama de sueños que persiguen los protagonistas de esta edulcorada serie en la que, también, sobresalen algunas excelentes interpretaciones, en especial entre las más veteranas.