Misión: enderezar el rumbo
Sergio González aterriza en una plantilla hundida por los malos resultados y con la obligación de empezar ganando para alejar fantasmas
Apesadumbrado, apático y engarrotado. Así se podría definir la situación actual de un Cádiz que encadena ocho jornadas consecutivas sin conocer la victoria, que ha caído diez posiciones en la clasificación y que viene de perder, en casa, frente al colista de la categoría.
Todo ello ha motivado la destitución de Gaizka Garitano y la llegada de Sergio González, que aspira a revertir la dinámica para alejar el descenso y empezar a asomar la cabeza, al menos, por la zona media de la tabla.
El técnico catalán ha aterrizado en la que considera su casa, aquella que lo cautivó cuando permaneció durante dos años y tres temporadas y que ha vuelto a llamar a su puerta pidiendo auxilio para rescatar a una plantilla que, curiosamente, sabe incluso lo que es esta temporada liderar la clasificación. La primera tarea del nuevo entrenador amarillo será levantar el ánimo de unos jugadores que han olvidado la sensación de ganar y que necesitan volver a sentirse superiores en el terreno de juego.
Este viernes, en Anduva, el Cádiz se enfrenta por segunda semana consecutiva al colista de Segunda División, aunque esta vez lo hará con aires renovados y con el soplo de aire fresco evidente que propicia la llegada de un nuevo inquilino al banquillo de cualquier equipo de fútbol profesional.
El Mirandés aparece en el horizonte como la receta a muchos de los problemas que tiene el equipo en la actualidad: fragilidad defensiva, desacierto en ataque y una escasa intensidad, tanto en la presión como durante el juego.
En cualquier caso, de ganar -y de convencer- en el feudo jabato, podría encarar el derbi ante el Málaga con la moral intacta. Para eso hay que vencer a un equipo que se quiere agarrar a Segunda.