Vecinos de zonas inundables de Córdoba viven otra noche en vilo ante la crecida del río
Varios miles de vecinos de Córdoba han vuelto a pasar una noche marcada por la incertidumbre. Mientras gran parte de la ciudad escuchaba la lluvia sin temor a crecidas, quienes residen en zonas inundables han permanecido en vela, pendientes del nivel del río y del agua procedente de embalses, de la Sierra y del nacimiento del Guadalquivir, agravado por la borrasca Leonardo.
En Majaneque, una de las áreas más sensibles, el recuerdo del reciente desbordamiento del arroyo La Canchuela sigue muy presente. Este miércoles, algunas viviendas han amanecido con accesos tabicados y calles protegidas con sacos de arena. La actividad comercial es mínima: el supermercado del barrio apenas ha recibido clientes y el reparto de pan no ha podido realizarse por los cortes de acceso. Otros negocios, como la lavandería o el bar, han abierto con cierta normalidad, convertidos en punto de encuentro y de intercambio de información entre vecinos.
Al otro lado de la carretera, las viviendas más próximas al río observan con preocupación cómo el nivel del agua ha aumentado más de dos metros. Aunque no se percibe un desbordamiento inminente, los residentes coinciden en que todo dependerá del volumen que se desembalse aguas arriba. “Aquí todos vamos del río a casa constantemente para ver cómo evoluciona”, comenta uno de los vecinos, habituado a estas situaciones.
Desde la asociación vecinal de Majaneque, su representante Antonio Vázquez explica que ya recibieron instrucciones preventivas desde el martes. Muchas familias han decidido no acudir a sus trabajos y permanecer en casa, con la documentación preparada, ropa de abrigo, calzado adecuado y medicación, siguiendo las recomendaciones de emergencia ante una posible evacuación.
Pese a la tensión, la mayoría no percibe un riesgo inmediato. Algunos vecinos reclaman mayor limpieza de los cauces y una actuación preventiva más constante para evitar que estos episodios se repitan cada vez que llueve con intensidad.
Mientras tanto, bomberos y Policía Local mantienen un despliegue permanente. Los efectivos miden la evolución del caudal y documentan los puntos más conflictivos, aunque reconocen que la situación dependerá tanto de las lluvias como de los desembalses. La Policía Local ha iniciado un trabajo puerta a puerta en parcelaciones como Majaneque, Altea, Guadalvalle y Alcolea para recabar información clave ante una posible evacuación: número de personas en cada vivienda, movilidad reducida, presencia de menores, mascotas o disponibilidad de transporte.
Como medida preventiva, se están colocando placas identificativas en las viviendas. Estas señales permiten identificar rápidamente si en el interior vive alguna persona que necesite ayuda para evacuar, si la familia carece de vehículo propio o si hay animales que deban ser trasladados con transportines. En caso de desalojo, los bomberos instalarán además un cartel reflectante que certifique que la vivienda ha sido revisada y se encuentra vacía.
La primera incidencia destacada de la jornada se ha producido en Alcolea, donde una rotura en el arroyo Guadalbarbo, a la altura de la Lancha, ha obligado a movilizar a operarios municipales. Los trabajos se centran en contener la entrada de agua en las parcelaciones mediante un dique provisional de sacos de arena, aunque las autoridades advierten de que su eficacia dependerá del caudal del arroyo.
En la Ribera Baja de Alcolea, el sonido constante del río sirve de referencia a los vecinos. “Mientras se oiga el agua no hay miedo; el problema llega con el silencio”, explican, conscientes de que ese sería el aviso de una posible inundación.