España crecerá un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, según un FMI que enfría previsiones por Irán

El conflicto afectará a España sobre todo por el aumento del precio del petróleo, mientras las renovables atenuarán el impacto sobre el gas

Kristalina Georgieva. - EFE
Kristalina Georgieva. - EFE

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado sus nuevas proyecciones para la economía española, anticipando un crecimiento moderado para los próximos años pese al impacto del conflicto en Oriente Próximo. Según su último informe 'Artículo IV', el PIB se expandirá un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, con una inflación interanual que descenderá del 3% en 2026 al 2,2% en 2027, reflejando una ligera revisión a la baja respecto a las previsiones anteriores.

La modulación del crecimiento económico se explica por una ralentización tras el avance del 2,8% en 2025. El FMI prevé que, tras 2027, la expansión se estabilice en torno al 1,7%, cifra cercana al potencial de crecimiento a medio plazo del país. Esta moderación responde a factores tanto externos como internos que condicionan el desarrollo económico.

El conflicto en Oriente Próximo influirá negativamente, principalmente mediante el aumento de los precios del petróleo. No obstante, la dependencia menor del gas gracias a la elevada cuota de energías renovables en el mix eléctrico español atenúa el impacto en este segmento. La política energética del país emerge, así, como un factor limitador de riesgos derivados de la crisis.

El papel de la demanda interna permanecerá crucial para sostener el crecimiento, compensando las limitaciones del lado de la oferta como la desaceleración del incremento de la población activa y la reducción paulatina del turismo. El consumo privado se mantendrá sólido, impulsado por el aumento continuo de los salarios en un mercado laboral dinámico y por la reducción gradual de la tasa de ahorro, que mitiga el efecto del shock energético sobre los hogares.

La inversión también es un motor importante, estimulada por el último año del plan Next Generation EU (NGEU) y el repunte constante de la construcción residencial, ambos esenciales para sostener la actividad económica en el mediano plazo.

Riesgos y factores internos y externos para la economía española

El FMI identifica riesgos predominantes a la baja, entre ellos un posible prolongamiento del conflicto en Oriente Próximo. Tal escenario podría elevar de forma sostenida los precios energéticos, endurecer las condiciones financieras y aumentar la incertidumbre económica, afectando negativamente tanto la inversión como el consumo y, en última instancia, el crecimiento.

Además, se advierte que estos efectos pueden generar presiones salariales e inflacionarias adicionales, manteniendo la inflación general por encima del 3% durante más tiempo, con impactos secundarios que complicarían la estabilidad macroeconómica.

Asimismo, la escalada de tensiones geopolíticas y comerciales representa un riesgo significativo tanto para España como para la economía global, en un contexto marcado por la inestabilidad diplomática y económica.

En el ámbito interno, la fragmentación política plantea desafíos sobre la capacidad del Gobierno para implementar medidas fiscales importantes. La consolidación fiscal, indispensable para cumplir los compromisos del Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo (PFEMP), podría verse obstaculizada, al igual que la adopción de políticas necesarias para calmar los mercados en caso de tensiones financieras.

Perspectivas positivas y factores que podrían mejorar las expectativas

El turismo en España podría demostrar mayor resiliencia debido a la diversificación regional, la reducción de la estacionalidad y el posible incremento de viajeros atraídos por la situación en Oriente Próximo, lo que aportaría dinamismo adicional al sector.

La política migratoria favorable podría mantener o incluso superar las previsiones oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) en cuanto a entradas netas de inmigrantes, apoyando el crecimiento demográfico y, por ende, la economía.

Finalmente, un mayor crecimiento del consumo privado es factible si la reducción de la tasa de ahorro de los hogares se acelera y regresa a niveles previos a la pandemia de Covid-19, lo que incrementaría la demanda interna y contribuiría a la actividad económica.