El Rey urge a rebajar la tensión política y alerta del “hastío” social
Pone como ejemplo lo logrado en la Transición y apuesta por "voluntad, perseverancia y visión de país" frente a desafíos
El Rey Felipe VI aprovechó su tradicional Mensaje de Navidad para dirigirse al conjunto de los españoles con un llamamiento centrado en la convivencia democrática. En su intervención, puso como referencia lo alcanzado durante la Transición, a pesar de las discrepancias de entonces, y apeló de forma específica a la clase política.
El monarca reclamó diálogo, respeto a las opiniones ajenas y ejemplaridad en el ejercicio de las responsabilidades públicas. También advirtió sobre el desgaste que provoca la tensión política y sobre la pérdida de confianza en las instituciones, además de las incertidumbres que afectan a los más jóvenes.
El discurso se pronunció desde el Palacio Real, como ya ocurrió el año anterior y también en 2015. En ese marco, Felipe VI situó su mensaje entre el balance de las últimas décadas y los retos actuales, con referencias a hitos de la historia reciente de España.
Llamamiento a cuidar la convivencia
En el Mensaje de Navidad, Felipe VI pidió preservar la convivencia democrática y señaló como ejemplo lo conseguido durante la Transición, cuando, pese a las diferencias, se logró avanzar. La apelación se dirigió de forma particular a los responsables públicos, con énfasis en la necesidad de acuerdos y en un tono de respeto en el debate.
Desde el Palacio Real, el Rey volvió a alertar del "hastío" ligado a la tensión política y a la pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones, así como de las dudas sobre el futuro de los más jóvenes. Según expuso, ese contexto alimenta a "extremismos, radicalismos y populismos".
Transición y Europa como referencias
Felipe VI apoyó su diagnóstico en dos momentos concretos: el 50 aniversario del inicio de la Transición tras la muerte de Franco y la entrada de España en la UE el 1 de enero de 1986. Con esas referencias, reivindicó la capacidad de la sociedad española para responder a desafíos de cada época y trasladó un mensaje de confianza sobre el presente y el futuro.
"La Transición fue, ante todo, un ejercicio colectivo de responsabilidad", afirmó, y añadió que "surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo". En esa línea, subrayó que el resultado permitió que "el pueblo español en su conjunto fuera el verdadero protagonista de su futuro y asumiera plenamente su poder soberano".
El monarca recordó también que quienes impulsaron aquel proceso, "aun con sus diferencias y sus dudas, supieron salvar sus desacuerdos y transformar la incertidumbre en un sólido punto de partida, sin tener la certeza de lograr lo que buscaban". En su mensaje, remarcó: "Aquel coraje, el de avanzar sin garantías, pero unidos, es una de las lecciones más valiosas que nos enseñaron".
Como fruto de ese periodo, citó la Constitución de 1978, a la que definió como "el conjunto de propósitos compartidos sobre el que se edifica nuestro presente y nuestro vivir juntos, un marco lo bastante amplio para que cupiéramos todos, toda nuestra diversidad".
Sobre la adhesión a la UE, recordó que el tratado se firmó el 12 de junio de 1985 en el Salón de Columnas, el mismo espacio en el que se realizó el discurso. Indicó que aquel paso cerró "una etapa marcada por un prolongado distanciamiento de una Europa con la que compartimos principios y valores y un proyecto común de futuro".
En su valoración, "Europa no sólo trajo modernización y progreso económico y social: afianzó nuestras libertades democráticas". También señaló que, en estas décadas, España vivió una "transformación sin precedentes" y logró "consolidar las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura hacia el exterior y la prosperidad".
Felipe VI añadió que la sociedad actual combina a quienes recuerdan la Transición con quienes no la vivieron y han crecido en democracia, al destacar: "Nuestra sociedad está forjada por generaciones que recuerdan la Transición y por otras que no la vivieron y que han nacido y crecido en democracia y libertad".
Retos actuales y desafección
Tras ese repaso histórico, el Rey pasó a la situación presente y admitió que "vivimos tiempos ciertamente exigentes". Enumeró preocupaciones ciudadanas vinculadas al aumento del coste de la vida, a las dificultades de acceso a la vivienda y a la incertidumbre laboral asociada a los avances tecnológicos.
En esa misma enumeración, incluyó la incidencia de los fenómenos climáticos, al indicar que actúan como un condicionante creciente y, en ocasiones, con consecuencias trágicas. En conjunto, situó estos factores como parte del escenario que condiciona las expectativas, especialmente entre los jóvenes.
"Tenemos muchos desafíos", afirmó a continuación, y señaló que la población también aprecia que la tensión del debate público impulsa "hastío, desencanto y desafección". En el discurso se advirtió de que esas "Realidades, todas ellas, que no se resuelven ni con retórica ni con voluntarismo".
En su análisis sobre los últimos 50 años, Felipe VI atribuyó el avance ante retos internos y externos a "voluntad, perseverancia y visión de país". Mencionó que esa actitud se ha reflejado en crisis económicas, en emergencias sanitarias, en catástrofes naturales y en el "trabajo callado y responsable de millones de personas".
El monarca defendió que "España ha progresado cuando hemos sabido encontrar objetivos que compartir" y vinculó esa idea a la convivencia, al considerarla "la base de nuestra vida democrática". También recordó que quienes precedieron fueron capaces de construirla incluso en circunstancias difíciles, como las de hace 50 años.
Además, recalcó que "la convivencia no es un legado imperecedero", sino "una construcción frágil". Por ello, sostuvo que "todos debemos hacer del cuidado de la convivencia nuestra labor diaria" y añadió que para lograrlo "necesitamos confianza".
Alerta ante extremos y receta democrática
Felipe VI situó esa cuestión en un contexto internacional que describió como convulso, con el multilateralismo y el orden mundial en crisis. En ese marco, afirmó que las democracias atraviesan una crisis de confianza que afecta al ánimo ciudadano y a la credibilidad de las instituciones.
En ese punto, advirtió: "los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y de las dudas sobre cómo abordar el futuro". Y añadió: "No basta con recordar que nosotros ya hemos estado ahí, que ese capítulo de la historia ya lo conocemos y que tuvo consecuencias funestas".
Según expuso, "nos corresponde a todos preservar la confianza en nuestra convivencia democrática". En el mensaje, planteó una apelación directa a la responsabilidad individual: "Preguntémonos, sin mirar a nadie, sin buscar responsabilidades ajenas: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esa convivencia? ¿Qué líneas rojas no debemos cruzar?".
El Rey concretó el enfoque con una referencia expresa a la necesidad de acuerdos y normas de conducta en el debate público: "Estoy hablando de diálogo, porque las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos". A continuación, añadió: "Estoy hablando de respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas; estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos".
También incorporó una llamada a la empatía y a priorizar a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad: "También de empatía y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política".
En su cierre argumental, recordó que en democracia "las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas" y que "avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro". En esa misma línea, sostuvo: "España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir, y de realizar, los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común".
Por último, afirmó: "Cada tiempo histórico tiene sus propios desafíos. Los caminos fáciles no existen. Los nuestros no lo son ni más ni menos que los de nuestros padres o abuelos. Pero tenemos un gran activo: nuestra capacidad de recorrerlos juntos". Y animó a hacerlo "con la memoria de estos 50 años" y "con confianza", con la advertencia de que "El miedo solo construye barreras y genera ruido, y las barreras y el ruido impiden comprender la realidad en toda su amplitud".
"Somos un gran país", señaló, y destacó que "España está llena de iniciativa y de talento". Concluyó que "podremos lograr nuestros objetivos, con aciertos y errores, si los emprendemos juntos, participando todos, orgullosos, de este gran proyecto de vida en común que es España".