2.520 años de numerología ocultista (1)
Al igual que los adventistas, los testigos de Jehová enseñan la doctrina de los 2.520 años. Los Testigos creen que desde que fue interrumpida la monarquía judaica, presumiblemente en el año 607 a.e.c., hasta 1914, transcurrieron 2.520 años. En ese año de 1914 suponen que la monarquía fue reinstaurada en la persona de Jesucristo en el cielo. A los 2.520 años los llaman los ‘tiempos de los gentiles o de las naciones’ y para ellos estos tiempos tienen la misma duración que los siete tiempos del profeta Daniel.
Los siete tiempos de Daniel y los tiempos de los gentiles son una misma cosa para los testigos de Jehová. Esta identificación de ambos tiempos como si fueran uno solo procede del adventista Nelson Horatio Barbour, que así se lo inculcó al fundador de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, Charles Taze Russell, quien ciegamente aceptó de Barbour todas las doctrinas que tienen que ver con tiempos y fechas y no investigó si eran ciertas o no.
Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles, cuando en realidad no tienen relación entre sí. Los siete tiempos de Daniel aplicaron única y exclusivamente a Nabucodonosor y se supone que duraron siete años de 360 días, no de 365 días, aunque la Historia no da razón de ellos. Y los tiempos de los gentiles se cuentan a partir de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 de nuestra era. La Biblia no indica cuánto duran los tiempos de los gentiles ni dice que sean lo mismo que los siete tiempos de Daniel. Pero los testigos de Jehová han sido aleccionados a aceptarlos como si fueran lo mismo, prohibiéndoseles que utilicen su intelecto para investigar libremente la verdad que aquí se les oculta.
Sea que los 2.520 años se refieran a los siete tiempos de Daniel o a los tiempos de los gentiles, surge una pregunta: ¿Se basan esos 2.520 años en la Biblia o son simplemente especulación humana fundamentada en la numerología esotérica u ocultista? El esoterismo es para los testigos de Jehová sinónimo de demonismo. Ya en la Edad Media los judíos especulaban, mediante barajar números y aplicar cifras de tiempos a los textos bíblicos, que el Mesías aparecería en tal o cual año del futuro.
Daniel le aseguró al rey babilonio que sería destronado y comería hierba como una bestia durante siete tiempos, al cabo de los cuales volvería a ocupar el trono. Los exégetas han entendido que estos siete tiempos fueron siete años de 360 días, diferentes de siete años solares de 365 días cada uno. Pero algunos estudiosos judíos quisieron ir más allá de lo escrito e interpretaron que esos siete tiempos tendrían una mayor aplicación en el futuro y se referían a la venida del Mesías como rey libertador de la tierra de Israel.
Para ello sacaron de contexto cierto pasaje de las Escrituras (Números 14:34) donde se dice que los israelitas pagarían por sus errores ‘un año por cada día’. De la misma manera interpretaron Ezequiel 4:6 en el sentido de que habría que contar un año por cada día. Sin embargo el texto de Ezequiel no habla de observar un año por cada día, sino ‘un día por cada año’. Estimando ambos textos como una regla para medir ciertos días bíblicos, aunque Ezequiel habla de observar días en vez de años, aplicaron esto como norma general para medir tiempos bíblicos, aunque en el caso de los siete tiempos de Daniel no lo aplicaron rigurosamente. Los siete tiempos los entendieron como periodos variables de 1.260, 1.290 y 1.335 días, que elevaron a años. Así creyeron calcular que el Mesías aparecería en tal o cual fecha, algo que no sucedió.
Esta interpretación judaica de los tiempos bíblicos la copiaron algunos estudiosos cristianos para tratar de saber cuándo vendría Jesucristo por segunda vez, en tanto que los judíos esperaban a su Mesías por primera vez. Fueron los protestantes los que tomaron en serio este cómputo basado en especulación numérica humana, creyendo que se trataba de entendimiento oculto en las Escrituras.
Pasados los tiempos sin que apareciera el Mesías (y no apareció porque todo era teoría humana sin fundamento bíblico), en 1823 se dio un definitivo entendimiento al asunto de los siete tiempos de Daniel. El escrutador bíblico John Aquila Brown publicó en 1823 su obra ‘El Atardecer’ y en ella dio a conocer que los siete tiempos duraban exactamente 2.520 años, siendo Brown el primero en apuntar a esta cantidad de años. Hasta su tiempo se aceptaba por lo general que los siete tiempos duraban 1.260 años. Brown lo que hizo en principio fue duplicar esa cifra y la elevó a 2.520 años.
Sin embargo, la realidad es que los 2.520 años salieron de realizar el siguiente cálculo: Los 7 tiempos que Daniel aplicó a Nabucodonosor se contaban como 7 años de 360 días, por lo que constaron de 2.520 días. Estos días los elevó Brown a años y así llegó a los 2.520 años. Pero estos 2.520 años los contó después erróneamente como años solares de 365 días, en lugar de años de 360 días, y así estableció que los 2.520 años comenzaron en el 604 a.e.c. y terminarían en 1917, año en que según Brown brillaría la gloria de Israel. Casualmente el ejército inglés liberó a Jerusalén a finales de 1917 y la teoría profética de Brown fue tomada en serio por algunos indagadores bíblicos.
Esos 2.520 años fueron definitivamente aceptados por la mayoría de los escrutadores bíblicos del siglo XIX, aunque todos siguieron cometiendo el error de contarlos como 2.520 años solares de 365 días, en lugar de años de 360 días. De ser el caso, Brown debió haber operado con años de 360 días, ya que los 2.520 días de los 7 tiempos correspondían a años de 360 días y no de 365.
Si los 7 tiempos de Daniel se hubieran contado por años solares, hubieran arrojado 2.556 días y no 2.520. Paralelamente, si Brown hubiera procedido en consonancia con los 2.520 días de Daniel, los 2.520 años hubieran terminado en 1881 y no en 1917. Para llegar a la fecha de 1917 Brown calculó años solares de 365,25 días. Si hubiera aplicado años ‘proféticos’ de 360 días hubiera llegado a la fecha de 1881, que hubiera sido lo más lógico.
Por los años treinta del siglo XIX predicaba William Miller, fundador del adventismo, que Cristo vendría como rey y juez en 1843, que era el año al que llegaba tras aplicar los 2.520 años de rigor al 677 a.e.c. Como el Cristo no llegó, pospuso su venida para 1844 y tampoco llegó el esperado. Eso hizo que el movimiento adventista de Miller se fraccionase en varios grupos. Uno de sus discípulos fue el ya citado Barbour, que se separó decepcionado.
(Continúa en la parte 2).