¿Fue imposible llegar a la Luna?
En Julio de 1969 dijo el astronauta Armstrong aquello de ’un pequeño paso para un hombre, pero un gran paso para la humanidad’. Siempre hemos creído que lo dijo desde la Luna, pero la realidad es que lo comentó antes de despegar de Cabo Cañaveral. Hemos sido demasiado crédulos en todos los sentidos. Nos han engañado en todas las materias. Y hemos puesto demasiada fe ciega en una tecnología que en 1969 estaba poco menos que en pañales. Hoy día, con tecnología mucho más avanzada, resulta que no es posible enviar un hombre a la Luna. Si fuera posible, ya se habría enviado allí a todo un ejército. ¿Por qué hoy no se puede y sí se pudo en 1969 y años siguientes? ¿O realmente tampoco se pudo en aquel tiempo?
El presidente Kennedy había asegurado que, antes de que terminara la década de los sesenta, los Estados Unidos pondrían el pie en la Luna. Y así pareció haber sido. Las cadenas de televisión de todo el mundo retransmitieron en directo la llegada del hombre a la Luna. ¿En directo o en diferido? Y las estaciones espaciales no perdieron de vista ni un momento el lanzamiento y puesta en órbita del Apolo XI, que transportaba el módulo lunar Eagle.
Pero ¿pudieron las estaciones espaciales observar que el módulo Eagle se posaba en la Luna y posteriormente despegaba de ella? ¿Pudieron las estaciones seguir, fuera de los cauces televisivos, el paseo de los astronautas por la Luna? Las estaciones únicamente pudieron contemplar que el Apolo XI se elevaba hasta la máxima altura de la Tierra y ahí perdieron el contacto. Todo lo demás lo siguieron por televisión y por radio, a la par que estaban conectados telefónicamente con el centro de la NASA, donde se les informaba de los pormenores. Los rusos también dependían de la información que se les transmitía desde la NASA. Por cierto, los rusos estaban más avanzados en tecnología espacial que los americanos y sin embargo no pudieron mandar un hombre a la Luna.
Son muchos los investigadores serios que afirman que las supuestas imágenes del hombre en la Luna fueron grabadas en un estudio de cine. Los mejores expertos en fotografía han analizado miles de tomas y han llegado a la inevitable conclusión de que se realizaron en un estudio de grabación y no en la Luna. La NASA siempre sale al paso y encuentra alguna explicación descabellada para dichas fotografías. Y quienes acérrimamente están a favor del alunizaje argumentan que se colocaron en la superficie lunar aparatos transmisores que desde allí envían datos. Pero eso es lo que los organizadores hicieron creer desde el principio, aunque científicamente nada se sabe de tales aparatos.
Eruditos de todo el mundo señalan que no se han podido enviar naves a la Luna, como tampoco se ha podido hacer que un artefacto se pose en la superficie de Marte y desde allí envíe fotografías a la Tierra. Se duda de que el Curiosity se esté paseando tranquilamente por Marte. Hay quien cree que el Curiosity está en el interior de la Antártida, donde la NASA tiene bases. Buena parte del año el interior de la Antártida está libre de hielo (que nunca falta en las costas) y el paisaje se hace pasar como marciano. De ahí que en las fotos se detecten huellas de construcciones y evidencias del paso de alguna civilización remotísima y desconocida.
Tal vez nos hayamos adelantado demasiado al declarar que el hombre no pudo pisar la Luna en 1969. Pero eso es lo que afirman precisamente los que imparcialmente llevan la delantera en la Ciencia. Lo afirman y lo demuestran. De entrada, el principal factor que hace imposibles los viajes a la Luna o a cualquier planeta se encuentra más arriba de la atmósfera terrestre. Se trata de los cinturones radiactivos de Van Allen que envuelven el planeta por todas partes menos por los polos. Al ingeniero de la NASA Kelly Smith se le escapó decir que, mientras no se solucione el grave problema que suponen estos cinturones para la carrera espacial, no se puede avanzar.
Los cinturones de Van Allen son zonas altamente radiactivas que se encuentran en la magnetosfera. Fueron descubiertos en 1958 por James Van Allen durante el lanzamiento del satélite norteamericano Explorer I. Van Allen instaló un contador Geiger en la nave para saber si había radiactividad en la alta atmósfera. Se descubrió que más arriba existían dos zonas radiactivas. Posteriormente se descubrió una tercera y hace poco tiempo se ha descubierto una cuarta.
Cualquier nave que atraviese una de estas zonas queda automáticamente desintegrada y no es posible que una persona pueda atravesar con vida siquiera el primer cinturón, el más cercano a la Tierra, cuyo grueso está a unos 1.600 kilómetros de altura. Lo mínimo que sucedería es que se inutilizarían todos los aparatos de la nave y la navegación se haría a ciegas. Los cinturones de mucho más arriba son aún más peligrosos. Ya el primer cinturón radiactivo tiene más fuerza que cualquier reactor nuclear. No olvidemos lo que ocurrió en Chernobil y cómo aún hay gente seriamente afectada. Y eso que se trató de un escape radiactivo de menor virulencia que el que supone atravesar el primer cinturón terrestre de Van Allen.
Los satélites que se encuentran en órbita terrestre se mantienen a una altura de unos 400 kilómetros, arriba o abajo. En llegando a 600 kilómetros de altura los aparatos acusan una gran actividad radiactiva, y eso que se encuentran a unos mil kilómetros de distancia del primer cinturón de Van Allen.
Todos los lanzamientos, inclusive el del Apolo XI en 1969, se han realizado en Estados Unidos desde Cabo Cañaveral, que después recibió el nombre de Cabo Kennedy. Si el Apolo XI se hubiera lanzado desde la Antártida, que no fue el caso, bien se diría que pudiera haber alcanzado la Luna. Pero de todas maneras se tropieza con el inconveniente de que la tecnología al efecto no estaba suficientemente madura para hacer que cualquier artefacto se posase cómodamente en la superficie lunar, y menos con personas dentro.
El módulo lunar Eagle llevaba en su base un potente reactor, de miles de grados de temperatura al encenderse, según los técnicos de NASA. Pero en las imágenes del descenso, ya posado el módulo en la Luna, no se observa el suelo chamuscado ni se ven nubes de polvo levantadas por la fuerza del reactor, nubes de polvo que tardarían días en desaparecer, dado que en la Luna la atracción gravitacional es mucho menor que en la Tierra. Este detalle y otros muchos, y sobre todo el asunto de los cinturones de Van Allen, han demostrado que en 1969 fue imposible llegar a la Luna. Y así seguimos a día de hoy porque aún no se ha zanjado el problema de los cinturones radiactivos.