Las cuevas de Torremolinos
A la altura del número 52 de Calle Loma de los Riscos se descubrió hace pocos años una cueva de unos 30 metros de largo por unos 6 de alto, la cual presentaba innumerables formaciones de estalactitas. En el 110 de esa misma calle existe otra cueva bajo el restaurante del mismo nombre, cueva que cualquier cliente puede visitar. Es probable que la zona precitada albergue otras cuevas, dado que el suelo de Torremolinos es prolífico en ellas.
La cueva más interesante del municipio es actualmente la de El Bajondillo, que desde hace tiempo está siendo estudiada por especialistas en la materia. Hace pocas semanas se descubrió un nuevo yacimiento junto a ella. No se sabe por qué, el caso es que se ha tejido una cortina de humo alrededor de esta excepcional caverna y se dice que la misma no existe desde que fue derribada cuando se levantaron unos apartamentos al pie de ella. Lo cierto es que los apartamentos se erigieron al borde del farallón donde se ubica la cueva; pero la cueva está ahí, como demuestran los investigadores venidos de toda España para estudiarla.
Entre las cuevas más destacadas de Torremolinos se encuentran: La Cueva del Encanto, la Cueva Tapada, la del Hoyo de la Mina, la del Cortijuelo, la de Carramolo, la del Lagarillo del Olmo y la Cueva del Tesoro, esta última descubierta en su día en la Cuesta del Tajo y cuya ubicación se ha perdido, aunque se sospecha que yace bajo los cimientos de alguna construcción. A ellas se unen la Cueva del Toro y la de la Higuera. En 1946 el Comisario de Excavaciones Arqueológicas de Málaga, don Simeón Reyna, escribió en la ‘Memoria sobre las Cuevas de Torremolinos’ que, bajo la cimentación del antiguo Colegio de Huérfanos, convertido en Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso, yacía también una cueva.
Se cree que todo el acantilado de Torremolinos, desde los aledaños de la Torre de los pimenteles hasta el puntal del Castillo de Santa Clara, pudiera albergar cuevas aún no descubiertas, tal como la zona de Loma de los Riscos y las laderas de los cerros de los manantiales, aunque ello no deja de ser simple hipótesis.
Hay eruditos que estiman que estas oquedades se habilitaban como sepulcros, dado que en la Cueva Tapada se encontraron, entre otras, dos hachas votivas que no tenían más provecho que el simbólico de acompañar al difunto al más allá. En la Cueva del Tesoro se encontraron nueve cráneos, huesos de humanos y de animales, una hoz de silex, flechas de piedra, un hacha de diorita, una vasija de cerámica, restos de otras vasijas, brazaletes, un anillo de hueso y diversas joyas elaboradas con valvas marinas, piedras y huesos. Al no hallarse en la cueva rastros de humo y ceniza producidos por la normal actividad de un hogar, los eruditos deducen que esta cueva solamente pudo haber servido como lugar de enterramiento.