El Premio Jaén de Piano entra en su fase decisiva con 19 jóvenes talentos
El Teatro Infanta Leonor acoge una segunda prueba eliminatoria en la que se mezcla la tradición clásica con la creación contemporánea
El 67º Concurso Internacional de Piano Premio “Jaén” entra en ese punto en el que la música deja de ser solo partitura para convertirse en pulso. En el Teatro Infanta Leonor, el piano suena estos días como un idioma común que une acentos de diez países distintos, pero también como un espejo en el que cada intérprete se mide a sí mismo.
Diecinueve pianistas han llegado hasta esta segunda prueba eliminatoria tras superar una primera selección exigente. Ahora, el margen se estrecha y el escenario se transforma en una suerte de cruce de caminos: aquí ya no basta con tocar bien, hay que decir algo. Cada actuación, limitada a cincuenta minutos, es una declaración de intenciones, un relato que se construye tecla a tecla.
El repertorio obliga a moverse entre tiempos y estilos como quien atraviesa distintas habitaciones de una misma casa. Las sonatas de Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven o Franz Schubert exigen claridad, estructura y una mirada madura sobre el canon. La música española, con nombres como Isaac Albéniz, Manuel de Falla o Enrique Granados, introduce otros colores, otras luces, donde el ritmo y la emoción deben respirarse más que ejecutarse.
Y en medio de ese viaje aparece la contemporaneidad como un territorio aún por cartografiar. La obra de encargo, Tres morillas m’enamoran, del compositor Alberto Carretero, funciona como una puerta abierta al presente, un espacio donde cada pianista debe encontrar su propio camino sin referencias claras, como quien avanza de noche guiado solo por el oído.
El público, que puede acceder libremente hasta completar aforo, asiste a este proceso casi íntimo en el que se decide mucho más que un pase de ronda. El jurado busca precisión, sí, pero también personalidad, riesgo, capacidad de emocionar. En definitiva, ese instante en el que la música deja de ser correcta para volverse necesaria.
De aquí saldrán los nombres que continuarán hacia la semifinal, donde la música de cámara cambiará el foco hacia el diálogo entre intérpretes. Pero antes de eso, en estas jornadas se juega algo difícil de medir: el momento en el que un joven pianista deja de parecerlo y empieza a sonar como alguien con voz propia.