El Jaén Paraíso Interior toca el cielo: campeón de la Copa de España tras una final épica
Jaén ya tiene otra noche eterna que guardar en su historia. El Jaén Paraíso Interior volvió a encontrarse con su torneo, con su destino, y levantó su cuarta Copa de España tras superar al Barça en los penaltis (4-2), después de un 0-0 que fue mucho más que un empate. Fue un ejercicio de fe y resistencia; difícil de describir con palabras.
Porque lo del Jaén con la Copa de España ya trasciende lo racional. En el Palacio de los Deportes de Granada, convertido en territorio amarillo con más de 5.000 jiennenses en las gradas, se volvió a confirmar que este idilio no es casualidad. Desde el pitido inicial, la “marea amarilla” asumió su papel. Palmas, cánticos y un aliento constante para convertirse en ese sexto jugador que sostiene cuando las piernas flaquean. Y lo necesitaron. Porque el primer tiempo fue un carrusel de ocasiones, de idas y venidas, de “uys” constantes en ambas áreas. Un intercambio frenético en el que los nombres de Dídac y, sobre todo, Carlos Espíndola comenzaron a emerger como figuras decisivas.
Hubo acciones que rozaron lo milagroso. Intervenciones sobre la misma línea, rebotes imposibles, disparos que no entraban por centímetros. Como si algo impidiera que el balón cruzara la línea de gol. El Barça, con la calidad de Pito, Antonio o Matheus, generaba peligro constante, pero se topaba con un Jaén ordenado, intenso y competitivo. Los de Dani Rodríguez también respondían, con Eloy Rojas, Mati Rosa o Dani Zurdo siempre atentos a cualquier balón suelto, fieles a esa identidad de pelear cada segunda jugada como si fuera la última.
El Jaén sobrevivió incluso en situaciones límite, como varios minutos con cinco faltas, resistiendo con un ejercicio defensivo colectivo que encendía a la grada. El descanso llegó con el 0-0, pero con la sensación de que el partido ya era una batalla épica.
La segunda mitad no cambió el guion, pero sí elevó la tensión. El Barça dio un paso adelante, apretó y llevó el partido a un escenario de máxima exigencia física y mental. Ahí apareció la figura gigantesca de Espíndola. El portero sostuvo al Jaén con intervenciones decisivas, mientras los amarillos seguían creyendo y también golpeaban cuando podían. Eloy Rojas estrelló un balón en el larguero en una de las ocasiones más claras del encuentro.
Cada acción se vivía como definitiva. La quinta falta del Barça fue celebrada como un gol en la grada. Todo contaba. El partido estaba tan afilado que cualquier detalle podía decidirlo. Y, sin embargo, nadie cedió. Ni en el tiempo reglamentario ni en una prórroga cargada de nervios, donde el cansancio y la tensión se apoderaron de cada jugada.
La final tenía que resolverse desde los seis metros. Y ahí, donde se separan los buenos de los eternos, emergió el nombre de Espíndola. Detuvo los lanzamientos del jiennense Antonio Pérez y Luciano Gauna, lo que inclinó la balanza de forma definitiva. El Jaén no falló. Míchel, Mati Rosa, Joao Salla… y finalmente Dani Rojas, que convirtió el penalti que desató la locura.
Granada explotó en amarillo. Jugadores al suelo, abrazos interminables y una afición que celebraba lo que ya es parte de su identidad. Una ciudad que ya es talismán. Aquí también ganó en 2023 y aquí vuelve a reinar en 2026. Cuatro Copas de España en cuatro finales para un equipo que ha convertido lo improbable en costumbre.