San Antón, cuando Jaén se reconoce en el fuego y se proyecta al mundo

El pregón de José García abre una celebración que combina memoria popular y deporte internacional y que deja carteles de completo en hoteles y alojamientos

Pregón de San Antón 2026. - Foto: Ayuntamiento de Jaén.
Pregón de San Antón 2026. - Foto: Ayuntamiento de Jaén.

Hay noches que no empiezan cuando se enciende una hoguera, sino cuando alguien se atreve a contar por qué sigue siendo necesaria. En Jaén, esa noche llegó en el Teatro Darymelia, donde José García puso palabras a una fiesta que no cabe solo en las calles ni en el calendario.

Profesor, investigador y miembro activo de la Asociación de Amigos de San Antón, García ofreció un pregón íntimo y cercano, lejos del tono solemne, construido a partir de escenas pequeñas: el crujir de la leña, el olor a papel viejo quemándose despacio, la calabaza abriéndose al calor, los corros improvisados para espantar el frío. Escenas de barrio, de infancia, de una ciudad que aprendió a reunirse alrededor del fuego mucho antes de saber correr detrás de un dorsal.

Entre el público, la primera teniente de alcalde y concejala de Cultura, María Espejo, asistía a un acto que fue creciendo con música y movimiento gracias a la participación de la Asociación de Coros y Danzas de Lola Torres, que convirtió el patio de butacas en una plaza imaginaria a base de melenchones, palmas y sonrisas compartidas.

El pregonero alternó romances antiguos con coplas cargadas de ironía y guiños al presente. Incluso se permitió estrenar unos versos propios dedicados al tranvía, arrancando risas y recordando que San Antón siempre ha sido también un espacio para la crítica amable y el humor popular.

Pero el relato no se quedó en la nostalgia. García recordó cómo la celebración ha sabido transformarse sin perder su raíz, hasta abrazar una carrera nocturna que hoy sitúa a Jaén en el mapa internacional del atletismo popular. El fuego ya no es el único punto de encuentro: lo son también las calles tomadas por miles de corredores y visitantes.

Esa transformación tiene reflejo inmediato en la economía local. A pocas horas de la prueba, el sector turístico trabaja con previsiones propias de un gran evento. Las reservas hoteleras rozan el lleno técnico para la noche del sábado, cuando se espera que prácticamente no queden habitaciones libres en la capital. Desde la patronal del sector se subraya que el impacto va más allá del alojamiento y se extiende a bares, restaurantes, comercios y servicios vinculados a la llegada masiva de participantes y acompañantes.

San Antón se ha convertido así en algo más que una tradición conservada: es un fenómeno que conecta generaciones y también intereses, una fiesta que se sostiene sobre el recuerdo de las lumbres y el pulso acelerado de una ciudad que corre.

Cuando el pregón terminó, no hubo humo, pero sí una sensación compartida: que el verdadero fuego de San Antón no está solo en la madera, sino en la capacidad de Jaén para reconocerse en lo que fue y mostrarse sin complejos en lo que es.