'El botín', sobre policías íntegros y corruptos
El intento de compra de Warner por parte de Netflix ha desatado una enorme controversia, tanto en el plano de la industria hollywoodiense, como en el de los propios cineastas, que consideran la operación como la puntilla final al funcionamiento de los grandes estudios, en la medida de que sostenían el negocio sin perder de vista la propia esencia del cine, tanto desde el plano creativo como de la razón de ser del medio; es decir, hacer películas para que puedan ser disfrutadas en pantalla grande en el interior de una sala oscura.
Ese modelo, que ha sido dinamitado durante los últimos años por las plataformas en streaming -Netflix es una de ellas-, no sólo pretende perpetuarse en el tiempo, sino finiquitar el anterior, de ahí la lucha de realizadores como Christopher Nolan por tratar de generar una corriente en contra de un sistema que supone una falta de respeto a los profesionales de la industria.
Toda esta polémica ha coincidido asimismo con el estreno de una de las últimas superproducciones de Netflix, El botín, que puede pasar perfectamente por el modelo de cine al que aspira la célebre plataforma, puesto que ha sido concebida para un público mayoritario y muy específico, aunque eso suponga ir en contra de las propias posibilidades del filme.
De hecho, la primera sensación que te queda después de ver la película es que podría haber sido mejor con una serie de retoques en el guión, precisamente los que ha obligado a incluir la productora. Lo relataban sus propios protagonistas, Matt Damon y Ben Affleck, hace unos días: no entendían que tuvieran que repetir determinados diálogos en el transcurso de la trama, ni que se recurriese a flashbacks innecesarios, hasta que los ejecutivos de Netflix les explicaron que muchos de sus espectadores están usando el móvil mientras ven sus películas y hay que redundar en el argumento para que no pierdan la pista.
La excusa es terrible, pero es lo que nos espera. Al menos, la cinta de Joe Carnahan se salva como producto de entretenimiento, eso sí, condenada al olvido por tener que hacer caso al algoritmo y a un perfil de usuario que retrata asimismo la decadencia de nuestra sociedad de consumo.
No deja de ser curioso que una película acabe por debajo de sus expectativas por el hecho de rebajarse al nivel del espectador al que supuestamente va dirigida. Porque lo cierto es que El botín funciona de forma correcta durante su primera hora y demuestra que sabe manejar el suspense, al menos hasta que se desata la acción.
Cuenta la historia- inspirada en hechos reales- de una patrulla policial de Miami que descubre en el interior de una casa durante una inspección más de 20 millones de dólares procedentes del narcotráfico. Su misión es contar el dinero y proceder a su entrega, y es entonces cuando surge la duda. ¿Y si en vez de 20 son menos y se quedan la diferencia?; o lo que es lo mismo, la diferencia entre mantenerse íntegros o corromperse. Una cuestión en la que la película se maneja bien hasta que todo se hace más predecible y empiezan los tiros y las reiteraciones.