'El joven Sherlock', una entretenida serie deudora de los grandes géneros cinematográficos

El personaje creado por Conan Doyle se asoma a sus años de juventud, aunque con una historia más cercana a 007 que al mítico detective
Dónal Finn, Natascha McElhone y Hero Fiennes-Tiffin, en una de las secuencias ambientadas en París. | prime
Dónal Finn, Natascha McElhone y Hero Fiennes-Tiffin, en una de las secuencias ambientadas en París. | prime

Desde su primera aparición en 1887, en la novela Estudio en escarlata, el personaje de Sherlock Holmes, ya sea a través de la obra de Arthur Conan Doyle o de todos sus sucedáneos, permanece inalterable como fuente de inspiración para cineastas y escritores.

La más reciente aproximación al personaje ha llegado de la mano de la serie El joven Sherlock, basada en los libros de Andrew Lane, deudora de un universo tan afín como atractivo, y con el gancho de Guy Ritchie, autor de dos invenciones cinematográficas muy populares, a la par que cuestionadas -Sherlock Holmes y Juego de sombras-, y director aquí de los dos primeros episodios, en los que impone el ritmo y el sello que definen, en cierto sentido, el libro de estilo que recorre los ocho capítulos de esta primera temporada.

Pese a lo cual hay que poner el acento en otro nombre propio, el de Matthew Parkhill, creador y showrunner de la serie, al que hay que reconocer su habilidad a la hora de poner en pie una historia más que entretenida y concebida no sólo como un producto atractivo, sino desarrollada bajo el prisma de grandes géneros cinematográficos, desde el suspense al de aventuras, aunque ello implique precipitar la dimensión del relato, en ocasiones más cerca a una trama de 007 que a las de un misterio en apariencia irresoluble.   

Parkhill, sobre todo, se distancia de anteriores retratos en torno a la juventud de su protagonista. Tanto la película El secreto de la pirámide, como la serie británica de los 80 El joven Sherlock Holmes, incurrían en la necesidad de atribuir al Holmes adolescente la pericia y capacidad deductiva del Holmes adulto, y de hacerle acompañar por un joven Watson.

En el caso de El joven Sherlock estamos ante un Holmes brillante, inteligente, inquieto, solitario, pero en proceso de formación, e incluso traumatizado por determinadas circunstancias familiares que permanecen encalladas desde su infancia. Es su involucración directa en una serie de asesinatos que tienen lugar en la universidad de Oxford lo que redimensiona un argumento en el que la cuestión de fondo -aquello que persiguen unos y otros- ejerce la función de mcguffin para dar rienda a diferentes tramas personales bien hiladas en favor de la espectacularidad y la emoción, aunque algunas de ellas resueltas de forma bastante infantil.

Cuenta para ello con un presupuesto de gran superproducción y un magnífico trabajo de casting en el que sobresale el trío protagonista de jóvenes: Hero Fiennes-Tiffin -de la dinastía Fiennes-, Zine Tseng -ya brillaba en El problema de los tres cuerpos y aquí está sensacional-, y un magnífico Dónal Finn dando vida a un iniciático James Moriarty. Junto a ellos Natascha McElhone, una actriz siempre interesante a la que había perdido la pista tras Californication, Max Irons -de la dinastía Irons- que encarna a Mycroft Holmes, Colin Firth -secundario de lujo- y un sobreactuado Joseph Fiennes -nunca le he pillado el punto al hermano de Ralph-.