Wicked 2, el triunfo de la libertad y la justicia

Ariana Grande como Glinda la Buena y Cynthia Erivo como la Bruja Mala del Oeste, en la continuación de Wicked. | Universal
Liderada por dos protagonistas en auténtico estado de gracia, la segunda parte de ‘Wicked’ es más dramática y menos espectacular, aunque con un discurso mucho más atinado y tan brillante como el primer acto

Hace un año escribía aquí mismo sobre el feliz reencuentro con la esencia clásica del musical de la mano de Wicked, que adaptaba y enriquecía el más popular de cuantos musicales se han estrenado en Broadway en las dos últimas décadas.

La película de Jon M. Chu -responsable de la adaptación de otro brillante musical, In the Heights- no ahorraba en alardes técnicos para una puesta en escena espectacular, pero lo hacía bajo el espíritu con el que admirábamos los musicales del Hollywood dorado -los de entre los años 30 y 60-, a partir de lúcidas coreografías y canciones contundentes y pegadizas.

Acaba de estrenarse la segunda parte, que adapta el segundo acto del libreto original, y el resultado final es tan brillante como el de la cinta anterior, pese a que sean notablemente diferentes tanto en el tono como en el desarrollo de la acción. Wicked 2 es más dramática y menos espectacular, pero, al mismo tiempo, es una película que va de menos a más, que va creciendo a medida que madura el peso de sus protagonistas, y levanta un discurso mucho más atinado, incluso por su trascendencia con respecto al momento político que vive EEUU, ya que es un filme que reivindica la necesidad de la libertad y la justicia para construir una sociedad más igualitaria y corresponsable en la búsqueda de un futuro mejor para todos. 

Y esa reivindicación le corresponde a los dos personajes principales, a la Bruja Mala del Oeste (Cynthia Erivo) y a Glinda la Buena (Ariana Grande), encarnadas por dos actrices en auténtico estado de gracia que aquí equiparan  sus papeles -incluso Grande asume más protagonismo que Erivo- y sostienen por sí solas una función que, pese a relegar el tono cómico y amable del primer acto, nos depara momentos muy emocionantes, tanto desde el plano musical como desde el de la significación cinematográfica de la historia.

En este sentido, Wicked for good (Malvada para siempre), ya no va sobre la relación (im)posible entre la chica rara y la princesa barbie, sino sobre cómo a partir de esa alianza son capaces de hacer frente a la realidad y a sus adversidades, sean de la naturaleza que sean.

Por otro lado, esta segunda parte carece de temas tan “populares” como los de la primera entrega, y aún así la partitura de Stephen Schwartz rinde igualmente a un muy buen nivel, apoyada en la grandeza vocal de Cynthia y Ariana, y en la siempre atenta puesta en escena de Jon M.Chu.

De hecho, la película incorpora una excelente canción que no forma parte del musical original -The girl in the bubble- y que Chu aprovecha para realizar una muy elaborada coreografía visual a través de un plano secuencia único que subraya por sí mismo la necesidad de esa canción para entender al personaje de Glinda.

La planificación impecable de ese número, así como la preferencia por los primeros planos largos, dan la medida de una película que va mucho más allá en su significado y en el de las emociones que provoca, aunque rompa con la dinámica de su también inolvidable primera parte.