La guerra de Irán también pone en jaque al sector del arte sacro

El precio del hilo de oro se ha encarecido un 270% en apenas seis meses y los presupuestos de los proyectos pendientes de ejecutar ya no sirven

Entrevista al bordador jerezano Ildefonso Jiménez.

El conflicto que se está viviendo en Oriente Próximo está poniendo también en jaque a los profesionales del arte sacro, que están asistiendo a un encarecimiento sin parangón de las materias primas. Esta circunstancia va a obligar a reajustar al alza los presupuestos que se contrataron meses atrás con las hermandades, que es la clientela habitual de este sector económico.

En el caso concreto del hilo de oro con el que se ejecutan las piezas de bordado de primera calidad, la subida de precios acumulada desde los meses de “septiembre y octubre” es ya del 270%, según el maestro bordador Ildefonso Jiménez, que reconoce no haber vivido un escenario similar en su larga trayectoria profesional.

La “opción” que baraja es la de adoptar el modo de trabajar de “otras disciplinas”, como la joyería o la orfebrería, donde es habitual presentar un presupuesto sobre la mano de obra y dejar abierto el coste de material a la espera de la cotización del mercado del momento en el que se adquiera finalmente.

“Nosotros podemos más o menos acertar con el presupuesto de la mano de obra, pero el del material tendrá que ir aparte. En este escenario no hay empresa que soporte un presupuesto cerrado cuando en apenas unos meses hemos asistido a una subida del 270%”, explica.

Para hacerse una idea, Jiménez recuerda que los presupuestos que se presentaban hasta los meses de septiembre y octubre partían de una cotización de la materia prima de 2.200 euros el kilo, un coste que a día de hoy se ha disparado hasta los 6.300 euros. “Es inviable mantener esos presupuestos iniciales y ese sobrecoste habrá que repercutirlo en el precio final”, advierte.

Por tanto, habrá que “mentalizarse” de que el material de oro fino que se utiliza para el bordado deberá tratarse “como cuando se hace una corona de oro, unas potencias de oro o cualquier otra pieza de joyería”. “Habrá que hacer un presupuesto sobre la mano de obra y otro sobre el material en función de cómo vaya fluctuando el mercado”, incide.

Todo ello es la consecuencia de vivir “en un mundo globalizado”, lo que provoca que “lo que ocurre en la India o en Oriente Medio” repercute ahora “muchísimo más” que antes, cuando las consecuencias de cualquier conflicto se asimilaban de una manera “más suave” y era posible “digerirlas”.

Ante esta espiral inflacionista, las cofradías pueden caer en la tentación de encargar sus bordados a talleres de Pakistán, que ofrecen sus productos a precios mucho más económicos. Sin embargo, Ildefonso Jiménez advierte de que la calidad que ofrecen esos artesanos “es pésima”, elaborando piezas con un nivel de ejecución “dudoso” y con materiales cuya calidad es pésima. Hasta el punto de que está convencido de que en cuanto pasen unos años se podrá comprobar que ni siquiera “admiten restauración”. “Cada cual es libre de hacer lo que quiera, pero el cofrade de verdad siempre ha buscado la excelencia”, subraya.