Los tiempos están cambiando
Una duda razonable ha comenzado a hacerse presente entre los analistas de la guerra global en la que nos hayamos inmersos: “¿Acabará convertida la guerra de Irán en la particular guerra de Vietnam de Donald Trump, ahora que ha decidido mandar tropas terrestres?”. El mono del organillero -es decir, Trump, tal y como lo ha retratado Ricardo en su viñeta de El mundo con brillante acierto (el organillero es Netanyahu)- ha respondido a la pregunta como suele hacer en estos casos, insultando al periodista que la hizo.
Como entonces, los tiempos están cambiando, con la diferencia de que ahora los impulsa él, no la sociedad, que permanece atónita, superada y con la mano agarrada a la cartera. Aquella sociedad, la de los 60, tenía a Bob Dylan para ponerle banda sonora -The Times They Are a-Changin-; la nuestra tendría que conformarse con la letra de algún reguetonero o cantante de hip-hop, y al cambio ya me dirán si hemos ganado algo.
De momento, la única y tímida respuesta como sociedad, frente al autócrata del pelo amarillo, la han dado esta semana los gobiernos europeos que se han negado a mandarle apoyo militar al estrecho de Ormuz en un acto de justicia poética que recuerda al de la niña de la rima infantil que es asaltada por “el hombre del desierto” y acaba superándole con sus contestaciones en inteligencia y sagacidad: “Ve tú con los huevos”, es una traducción muy libre y apropiada del verso final. Trump, por supuesto, también es The man in the wilderness.
Ha escrito Carlos E. Cue en El País que Pedro Sánchez ha trasladado a sus ministros -no aclara si también a los de Sumar- que “la guerra va para largo” y que “su resultado ya no depende de EEUU”, con un Trump “fuera de control” y encallado en continuas contradicciones -ya van dos veces en las que ha dicho que la guerra está a punto de acabar, como si se hubiera puesto al teléfono con Gila-. No se trata de un resumen, sino de una consigna para que trasladen a la opinión pública el riesgo al que podemos enfrentarnos si gobierna la ultraderecha en España, que en su caso hay que traducir igualmente como el riesgo a que él pueda dejar de gobernar el país, porque, como ya sabemos, toda declaración de Sánchez está supeditada a su propio interés.
Eso no implica que no exista el riesgo; otra cosa es que él sea la solución. De hecho, el riesgo es tal que hasta el propio Papa León XIV ya ha trasladado a los obispos españoles que su mayor preocupación en España es el ascenso de los grupos de “ideología de ultraderecha” y su estrategia para “instrumentalizar a la Iglesia” y captar el voto de los creyentes. El sumo pontífice, que en breve visitará nuestro país y que, a simple vista genera más confianza que nuestro presidente, ha invitado a combatir la polarización y ha alertado sobre el riesgo de “someter la fe alas ideologías”. El mensaje caló rápido: pocos días después la cúpula eclesiástica mostró su apoyo público al plan de regularización de inmigrantes del Gobierno, a riesgo de ser tachados de “traidores”, algo que, obviamente, terminó ocurriendo.
Definitivamente, los tiempos están cambiando, aunque no lo hagan en la dirección correcta, y a una velocidad que impide detenerse en otras cuestiones que deberían reclamar toda nuestra atención. En Torrevieja un hombre ha matado a su hija de 3 años, aprovechando el día de custodia compartida, y después se ha quitado la vida. En Zaragoza un hombre ha disparado cuatro veces contra su expareja hasta rematarla en el suelo y después se ha matado él. He leído que más del 40% de los asesinos machistas acaban suicidándose. Qué leve condena para el desgarro insufrible que dejan en las que fueron sus familias. Trece mujeres -y dos menores- han sido asesinadas en lo que va de año. Preocupa además la “casuística” que ha rodeado a algunos de esos crímenes, por su “violencia extensiva”. Forges hubo un tiempo en que añadía a diario en sus viñetas “pero no te olvides de Haití”, y a nosotros conviene no olvidar a todas esas víctimas, por mucho que nos hagan mirar en otra dirección o nos suban la gasolina por encima de los 2 euros.