Zambombas: volver al origen

La Plaza de la Asunción, abarrotada. - Cristo García
Buscan la esencia, "dime algo bueno, pero de lo que me gusta a mí", me preguntan, sin embargo rara es la vez que puedo aconsejar algo

Hace ya algunos años que la zambomba en Jerez ha tomado un rumbo bastante discutible. Por un lado nos encontramos a todos aquellos que sin aportar lo más mínimo a la tradición, recurren una y otra vez a la imagen de aquellos patios lleno de flores, con una buena candela y los vecinos repartiendo pestiños, y no se saben ni Al Pasar por Casablanca. Por otro, los que aplauden todo lo positivo que nos traen estas fiestas tan otoñales como festivas para el turismo, la hostelería y el sector servicio. 

La España de siempre, tú dices una cosa y yo digo otra. Lo que está claro es que las cosas han cambiado, hay que estar preparado para esos vaivenes que la vida te trae. Que nadie se rasgue las vestiduras si ve que en un escenario se cantan villancicos sin panderetas, también por bulerías, incluso rumbas como si se tratase de una tarde de sábado en El Rocío. Vienen autobuses llenos de gente para disfrutar de un almuerzo con todos sus ingredientes, modo excursión, sin saber prácticamente lo que se van encontrar. 

Valoro positivamente el ambiente que se ha creado, la gran suerte de todos aquellos que hacen su agosto para cuando viene enero y nadie se acuerda de ellos. Buscan la esencia, "dime algo bueno, pero de lo que me gusta a mí", me preguntan, sin embargo rara es la vez que puedo aconsejar algo con total seguridad de que será del agrado de quien pregunta. ¿Sabéis por qué? Porque esas que se buscan se hacen en familia, en la casa de alguien, en un casco de bodega, para la familia, para los amigos... esto es, lo que se hacía hace cien años. 

Por lo tanto, aunque algunos vean el fin de la zambomba, este quien escribe, que además se la pasa de rincón en rincón, entiende como positivo el reencuentro con la esencia, con la intimidad, con la familiaridad. Algunos, frente a la masificación, se movilizan para provocar el ambiente sereno, ese que vivieron de pequeños, donde se cantaban los villancicos de cabo a cabo. Por lo tanto, nada está perdido, al menos para quién tenga interés por movilizarse.