La muerte de cerca
El pasaje, escrito por Pérez-Reverte en "El sol de Breda" -tercera entrega del Capitán Alatriste- es demoledor.
"Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón, ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres , porque ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento . Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que se pierde".
Hoy se nos esconde la muerte, se nos tapa los ojos ante el dolor, se nos priva de una parte fundamental de la vida, se nos oculta la realidad más rotunda de la existencia. De hecho, se tergiversa el sentido común, se ensucia con exceso de azúcar interesada la normalidad de la existencia que late y deja de latir ante nuestros ojos. La madre naturaleza nos apercibe cada día de ello. Siempre ha ocurrido lo mismo. El ciclo fundamental de los seres vivos y sus relaciones, la cultura, la actividad humana. Una realidad incontestable que se maquilla, se esconde, se evita. Se nos presenta una especie de vida de colores falsa, aderezada con comportamientos inútiles, bastardos con respecto a la naturaleza. Se nos invita (se nos obliga) a humanizar a los animales, se nos exige relativizar el dolor escondiendo muchas de sus maneras de presentarse, se trabaja por hacer de la muerte algo que sucede más allá de nuestra visión, lejos de la objetividad. Existe pero no se ve. Hay un mutismo absurdo ante una realidad primaria. Con ello, con esa actitud manipulada e interesada, se esconden muchos de los valores -algunos de ellos se explican en el texto de Pérez-Reverte- que han caído en desuso porque comprometen a que seamos mejores, porque obligan a crecer en igualdad, porque exigen. Porque son la verdad aplastante del mundo, de la existencia.
No se debe invitar a nadie a vivir de cerca la muerte porque sí, pero no debería esconderse ante nadie. Solo así, conociendo que está, que todos llegamos a ella y viviéndola como algo inevitable, seremos capaces de pasar nuestro tiempo con la certeza y la paz de una meta que siempre, siempre, está allí al frente y no debe causarnos miedo. La muerte nos iguala. Y saber morir puede ser tan interesante como saber vivir. Más allá de la creencia, de la fe de cada uno, la muerte de cerca nos iguala, nos beneficia, nos agrupa, nos hace mejores.
Es cierto, la muerte de lejos ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que se pierde. Gracias, capitán.