José Antonio Satué arranca su andadura como obispo de Málaga con un mensaje de "humildad y esperanza"
El prelado destaca la acogida de la sociedad malagueña, que le ha hecho sentirse “arropado desde el primer día”
Satué propone como ejes de su ministerio la sinodalidad, la espiritualidad, la corresponsabilidad y la misión
Frente a la crispación actual, aboga por una iglesia que “acoja a todos y aporte serenidad y esperanza”
El nuevo obispo de Málaga, Monseñor José Antonio Satué, ha iniciado oficialmente su ministerio episcopal en la diócesis y lo ha hecho subrayando la importancia de la humildad y el diálogo como pilares de su labor. En declaraciones exclusivas a 7TV, el prelado destacó en primer lugar la dificultad de la labor periodística y la necesidad de “facilitarnos la vida mutuamente, periodistas y obispos”.
Satué reconoció que la transición desde la diócesis de Teruel y Albarracín, donde fue obispo en los últimos años, no ha sido sencilla: “Me pesaba mucho dejar una tierra donde fui tan feliz, tanto personal como pastoralmente”, afirmó. Sin embargo, aseguró que la calurosa acogida de los malagueños le ha llenado de energía e ilusión: “Aquí, desde el primer día, la gente me paraba por la calle, se acercaban, me decían que eran de una cofradía o de Cáritas, incluso se hacían fotos conmigo. Esa forma de ser tan abierta me ha hecho sentir muy arropado”.
El nuevo obispo explicó que Málaga plantea retos distintos a los de Aragón, no tanto por las necesidades de fondo, sino por la magnitud y la idiosincrasia de la sociedad andaluza: “Los retos se parecen, porque los humanos nos parecemos mucho, pero las circunstancias y la forma de ser son diferentes. Hay que vivir el mismo evangelio de siempre en este momento y en este lugar”.
Respecto a las prioridades de su ministerio, Satué definió cuatro palabras clave: sinodalidad, espiritualidad, corresponsabilidad y misión. Sobre la primera, destacó que significa “pensar, rezar, decidir, trabajar y evaluar juntos”, corrigiendo lo que sea necesario para mejorar. En cuanto a la espiritualidad, defendió que los creyentes deben aportar al mundo “una vida tocada por la gracia de Dios”. En corresponsabilidad, insistió en que los proyectos pastorales deben ser compartidos y no una decisión unilateral del obispo. Finalmente, en misión, planteó una iglesia “buena noticia para quienes sufren y para quienes se han alejado de la fe”.
Contexto social complejo
Satué no rehuyó hablar del contexto actual de polarización social y política, que calificó de “lacra de la que debemos escapar”. A su juicio, la iglesia puede aportar un papel pacificador: “La realidad nos ayuda a salir de la ideología, que a veces no nos deja ver lo que tenemos delante. Jesús supo acoger a todos, especialmente a los más marginados, y ese es el ejemplo que debemos seguir. Ojalá podamos aportar serenidad y esperanza a nuestro mundo”.
De cara al futuro, se mostró especialmente ilusionado con vivir por primera vez la Semana Santa malagueña como obispo, experiencia que comparó con su participación en la cofradía de la Veracruz en Huesca: “Al principio tenía reticencias, pero luego descubrí el trabajo silencioso, la oración y la dimensión social de las cofradías”. Asimismo, señaló que pronto tendrá ocasión de conocer las obras de la Catedral, un reto que calificó de “ilusionante y apasionante”.
Con serenidad, cercanía y determinación, Monseñor José Antonio Satué comienza así una nueva etapa pastoral en Málaga, marcada por la escucha, la colaboración y la esperanza compartida.