Damián Quintero cuelga el karategui: el adiós de un guerrero que convirtió el esfuerzo en arte

El subcampeón olímpico y bicampeón del mundo pone fin a una carrera de dos décadas con más de 130 medallas, decidido a disfrutar de su última batalla en El Cairo antes de iniciar una nueva etapa fuera del tatami
Damián Quintero, en una imagen de archivo. / EFE
Damián Quintero, en una imagen de archivo. / EFE

A sus 41 años, Damián Quintero, el karateca español más laureado de la historia, se prepara para despedirse de los tatamis tras dos décadas de éxitos y más de 130 medallas. Nacido en Buenos Aires y criado en Torremolinos, el subcampeón olímpico en Tokio 2020 y bicampeón del mundo ha decidido poner punto final a su carrera tras disputar el Mundial de El Cairo, del 27 al 30 de noviembre. “Ha llegado el momento de colgar ese karategui que tantas alegrías me ha dado y pasar a otra etapa”, confiesa el deportista, convencido de que “la vida son etapas, y la que está por venir tiene que ser igual de apasionante que esta”.

Más allá de su impresionante palmarés —con trece títulos europeos y un reconocimiento mundial—, Quintero asegura que lo que más le enorgullece es haberse convertido en un referente para los más jóvenes. “Las medallas todo el mundo las puede conseguir, pero el legado, ser un referente, no. Me llena más haber inspirado a niños y niñas a practicar kárate o a adultos que se han apuntado al gimnasio después de ver mis vídeos”, destaca. Para él, el verdadero valor de este deporte no está solo en la competición, sino en los principios que enseña, algo que lo convierte en una de las actividades extraescolares más completas: “El kárate es un deporte con valores muy tradicionales. El problema es que no lo hemos sabido profesionalizar, aunque poco a poco va mejorando”.

De todos los momentos vividos, el más intenso fue sin duda su paso por los Juegos Olímpicos de Tokio, donde logró la medalla de plata. “Fue mi mejor y mi peor momento”, admite. “Sabíamos que sería la primera y la última vez que el kárate estaría en los Juegos. Había mucha presión, y la gente solo ve la sonrisa en el podio, pero no todo lo que dejé atrás para llegar allí”. Esa capacidad de sacrificio es la que le ha acompañado toda su vida, incluso mientras estudiaba Ingeniería Aeronáutica. “El secreto es que no hay secreto: trabajar duro. Nadie te regala nada. He dejado muchas cosas atrás, como viajes con amigos, por estudiar o competir”.

En los últimos años, Quintero también se ha dejado ver en el mundo de la televisión, participando en el ‘reality’ Supervivientes, una experiencia que, según cuenta, “le llegó en el momento justo”. “Estaba meditando la retirada y me vino bien económicamente. Además, se parece mucho a la vida de un deportista: sufrir, llevar el cuerpo y la mente al límite. Me ayudó a comunicarme mejor y a mostrar otra faceta de mí, sin perder mi esencia”.

No todo han sido alegrías, y el karateca también ha vivido momentos de frustración. En el Mundial de 2023 se quedó con la plata, mientras que el oro fue para el turco Ali Sofuoglu, sancionado posteriormente por saltarse varios controles antidopaje. “Fue una desilusión. Es incongruente sancionar a un deportista por incumplir las normas, pero mantener sus resultados. Es una falta de respeto para todos los que cumplimos las reglas”.

Ahora, con el Mundial de El Cairo en el horizonte, Quintero afronta su última cita con serenidad. “No voy a quitarme ninguna espina, voy a disfrutar. Me encuentro en gran forma física y voy a ir a pelearlo”, asegura. Después de colgar el karategui, el malagueño tiene claro que seguirá vinculado al deporte y a la gestión del kárate, además de continuar con sus programas online para difundir su disciplina en Latinoamérica. “Estoy tranquilo con la retirada. He invertido bien todo lo que he ganado y sé que saldrán proyectos nuevos. Quizás la televisión sea uno de ellos, pero ya no como participante, sino como colaborador o comentarista”.

Con su retirada, el kárate español pierde a su embajador más brillante, pero gana un símbolo de constancia, esfuerzo y pasión. Quintero se despide como vivió: con serenidad, humildad y el respeto de todo un país que ha aprendido a admirar su camino dentro y fuera del tatami.