Choque por las sillas plegables: Con Málaga tilda la prohibición de clasista y el alcalde apela al sentido común
Nueva polémica en la Semana Santa de Málaga. El uso de sillas plegables en el recorrido de las procesiones ha abierto un enfrentamiento político después de que el grupo municipal Con Málaga haya calificado de “clasista” y “vecinofóbica” la prohibición recogida en el bando municipal, mientras el alcalde, Francisco de la Torre, defiende que se trata de una medida de seguridad que debe aplicarse con “sentido común”.
La portavoz adjunta de Con Málaga, Toni Morillas, ha criticado que “un año más” se limite una práctica que considera “tradicional y popular”, especialmente en enclaves como la Tribuna de los Pobres. A su juicio, impedir el uso de estas sillas perjudica a quienes no pueden permitirse un asiento en tribunas o palcos, cuyos precios pueden alcanzar hasta los 980 euros.
Desde la formación sostienen que la medida dificulta el acceso de las familias al centro y rompe con una de las imágenes más características de la Semana Santa malagueña, insistiendo en que la celebración “debe ser de todos” y accesible sin barreras económicas.
Seguridad y flexibilidad
Frente a estas críticas, el alcalde ha rechazado el carácter “clasista” de la norma y ha insistido en que el objetivo es garantizar la seguridad ante la gran afluencia de público en calles estrechas o puntos conflictivos del recorrido.
De la Torre ha subrayado que el propio bando contempla matices y permite cierta flexibilidad, especialmente en el caso de sillas ligeras, plegables o destinadas a personas mayores o menores. “Hay que hacer una interpretación con sentido común”, ha señalado, apelando a evitar obstáculos que dificulten la movilidad o la evacuación en zonas especialmente concurridas.
El regidor ha puesto como ejemplo puntos críticos como el entorno de Cisneros o Especería, donde la acumulación de público obliga a extremar las precauciones, aunque reconoce que en muchas otras zonas “no hay problema”.
Prohibición en vigor
El bando municipal prohíbe expresamente la colocación de sillas, mesas u otros elementos móviles en calles con gran afluencia, especialmente en accesos a viviendas o vías estrechas, y contempla su retirada por parte de la Policía Local si suponen un obstáculo.
No obstante, desde el Ayuntamiento se insiste en que la aplicación práctica de la norma está siendo flexible, tras las quejas registradas en los primeros días de la Semana Santa.
Debate abierto
La controversia refleja el debate de fondo sobre cómo compatibilizar la seguridad con el carácter popular de la Semana Santa malagueña. Mientras desde la oposición se reclama eliminar la prohibición, el equipo de gobierno apuesta por mantenerla con criterios de adaptación según cada espacio.
Un pulso que, un año más, traslada a la calle la tensión entre tradición y regulación en uno de los eventos más multitudinarios de la ciudad.