Viajeros a la deriva en María Zambrano: “Por ahorrarme 9 euros no cogí el tren accidentado"

Colas en la oficina de Renfe de María Zambrano. / ROCA

Entre la resignación, el enfado y el alivio por no haber viajado en el tren siniestrado, muchos asumen noches extra, vuelos imposibles o alquileres de coche

La suspensión de las líneas ferroviarias deja a decenas de personas sin alternativas claras para regresar a Madrid, Barcelona, Córdoba o Valencia

Los afectados denuncian la falta de autobuses, información y cobertura de gastos tras la cancelación de los trenes

La escena se repite durante toda la mañana en la estación María Zambrano de Málaga. Grupos de viajeros esperan frente a las oficinas de Renfe e Iryo, móvil en mano, maletas a un lado y una pregunta común: qué va a pasar ahora. El accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido este domingo, ha provocado la suspensión de los servicios de alta velocidad, dejando a cientos de personas sin transporte y con escasa información.

Algunos tenían que haber salido ya. “Estábamos viendo qué pasaba, mirando alternativas, la devolución del billete… al final nos iremos en avión, no ha habido otra manera”, explica una pareja que regresaba a Madrid tras unos días de descanso. Se enteraron del accidente por la televisión del hotel y, conforme avanzaban las horas y se conocía la gravedad del siniestro, asumieron que su tren no saldría. La confirmación oficial llegó de madrugada, por correo electrónico.

Otros viajeros iban más lejos. Una pareja tenía previsto llegar a Barcelona enlazando por Madrid. “Todas las líneas están anuladas. La única solución es devolvernos el dinero y buscarnos la vida”, relatan. Su plan ahora pasa por encontrar un autobús hasta Madrid y, desde allí, intentar coger otro tren, si lo hay. “Aquí no nos dan ninguna alternativa”.

La ausencia de transporte sustitutorio es una de las principales quejas. “He preguntado por qué no han puesto autobuses al menos hasta Madrid y me han dicho que colapsarían la autopista, que hay más de 200 trenes parados”, explica otro afectado. Tampoco hay compensación por los gastos añadidos: “Si tienes hotel, comidas o transportes extra, corre de tu cuenta”.

Entre los testimonios, destaca el de una joven que debía haber cogido el tren Málaga-Madrid apenas unas horas después del descarrilamiento. Fue su padre quien la alertó. “Pensaba que iba en ese tren. Por nueve euros más, no lo cogí”, cuenta aún conmocionada. Pasó la noche en un hotel y por la mañana solo obtuvo la devolución del billete. “Me dicen que no se hacen responsables de los gastos derivados”. Ahora busca cualquier medio para volver, aunque las opciones son escasas: vuelos con escalas de hasta 12 horas, autobuses agotados o la posibilidad de quedarse otra noche más en Málaga.

También hay viajeros internacionales. Una familia llegada desde Londres aterrizó en Málaga sin apenas información. “La web solo decía que los trenes estaban suspendidos. Las soluciones son ineficientes”, lamentan. Su destino es Córdoba y la única alternativa es una furgoneta a media tarde, con plazas limitadas. “Hay gente a la que le están diciendo que no hay nada hasta el jueves”.

Otros planes vacacionales se han venido abajo por completo. Viajeros que iban a Madrid y después a Valencia, con todo reservado, asumen que “se ha ido todo al traste”. El coche de alquiler aparece como última opción, aunque no todos se ven capaces de conducir tantas horas. “Venía a relajarme, no a meterme en Madrid en coche”.

Pese al malestar, muchos muestran comprensión. “Nos sentimos afortunados porque no somos nosotros. Lo sentimos mucho por las víctimas”, repiten varios. Saben que la prioridad es atender a los afectados directos del accidente. Pero coinciden en una reclamación: más información, más alternativas y mayor apoyo para quienes, sin haber sufrido el siniestro, han quedado atrapados en tierra de nadie.

En María Zambrano, mientras tanto, el goteo de viajeros continúa. Preguntan, esperan, recalculan rutas imposibles y asumen que, al menos por ahora, el viaje tendrá que esperar.