Reclaman una plaza escolar para un niño venezolano acogido en Lagunillas.

Desde el colectivo aseguran que ya perdió dos meses del curso anterior porque no se le comunicó que tenía plaza.
En la Asociación Lagunillas/Arroyo
En la Asociación Lagunillas/Arroyo

Santiago, de 14 años, vive con su madre en la casa de acogida que la Asociación Lagunillas gestiona en Soliva. Ambos son venezolanos y llevan tiempo en Málaga, a la espera de completar los trámites para ser reconocidos como refugiados.

Según explica Curro López, presidente del colectivo vecinal de Lagunillas, el adolescente —que debe cursar segundo de la ESO— perdió los meses finales del curso pasado porque, tras la solicitud presentada por la asociación, no recibieron respuesta “ni por correo electrónico ni por teléfono”, pese a que les habían asegurado que contaba con una plaza en el Colegio Adoratrices.

Desde la asociación piden ahora que Santiago pueda iniciar este curso en el mismo centro, cercano a su vivienda provisional y al local del colectivo solidario, donde el joven colabora ordenando productos o trasladando cajas.

López destaca que no tiene ningún reproche hacia el colegio, con el que mantienen una buena relación, pero considera que el sistema ha fallado y que en la Delegación de Educación alguien no hizo bien su trabajo. Por ello, lanza un toque de atención y espera que Santiago pueda ocupar su pupitre lo antes posible, para formarse y seguir construyendo su futuro en Málaga, donde llegó junto a su madre en busca de oportunidades, de una vida mejor.