La OTAN, entre la oportunidad y el abismo por la crisis en Groenlandia
La crisis de Groenlandia ha pasado de rumor geopolítico a problema real dentro de la OTAN. Las pretensiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de controlar el territorio autónomo de Dinamarca han abierto una grieta incómoda en la alianza.
En juego no solo está la soberanía de una isla clave. También está el papel de la OTAN como garante de la seguridad en Europa y como espacio donde los aliados deben resolver tensiones, no alimentarlas.
Mientras las capitales intentan rebajar la temperatura, el Ártico vuelve a colarse en la agenda por la actividad de Rusia y China. Y lo hace con urgencia, con presión y con decisiones que pueden marcar 2025.
Groenlandia pone a prueba a la OTAN
La OTAN encara la crisis de Groenlandia como un desafío directo a su razón de ser. Que un aliado clave plantee controlar un territorio autónomo de otro aliado, Dinamarca, sacude los cimientos de la organización.
En este contexto, la alianza intenta girar el foco hacia lo que considera un interés compartido: la seguridad en el Ártico. La intención es clara: bajar tensiones y recuperar el marco de debate común antes de que el choque se haga irreversible.
Davos, preacuerdo y silencios
Tras el Foro Económico de Davos, en Suiza, Trump anunció un preacuerdo después de reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Sin embargo, han trascendido pocos detalles del supuesto pacto.
La principal incógnita sigue intacta: si el acuerdo acabará incluyendo nuevas zonas de soberanía estadounidense en la isla. Esa posibilidad es la línea roja que Dinamarca marca para cualquier entendimiento con Washington.
Según la Casa Blanca, el acuerdo marco permitiría, si llega a materializarse, alcanzar "todos los objetivos estratégicos" de Washington y "para siempre". El mensaje llega tras semanas de tensión diplomática, con amenazas por parte del mandatario estadounidense sobre una posible intervención militar.
La lectura desde el análisis es más fría. "Realmente no hay acuerdo todavía. Sabemos poco, pero lo que ha habido es una conversación entre Rutte y Trump en la que acordaron un marco que iba a ser la base para futuras negociaciones", sostiene Kristina Kausch, del think tank German Marshall Fund.
Dos vías en el horizonte: Guantánamo o Chipre
Kausch advierte de que "sigue sobre la mesa" la opción de que Washington intente incorporar parte del territorio danés. La incertidumbre no está en si el debate existe, sino en cómo podría traducirse en hechos.
En ese esquema, aparecen dos caminos que elevan la tensión. Por un lado, la vía de Guantánamo, descrita como "una especie de alquiler a largo plazo de una parte del territorio". Por otro, el modelo de Chipre, en referencia a la invasión turca de 1974 para controlar parte de la isla.
El Ártico se recalienta: Rusia, China y respuesta aliada
La OTAN busca encauzar la discusión hacia el trabajo colectivo en el Ártico, una zona con creciente interés geopolítico por la actividad de Rusia y China. El objetivo es convertir la crisis en un impulso para reforzar la vigilancia y la presencia aliada.
En las próximas semanas podría debatirse una eventual operación militar de refuerzo en la región. El planteamiento seguiría el ejemplo de misiones lanzadas para el flanco oriental o el mar Báltico ante la amenaza rusa.
Una presencia más sólida en el Ártico, incluyendo Groenlandia, podría desactivar al menos de forma temporal las pretensiones de Trump. También serviría como palanca de presión para que los europeos aumenten su presencia militar frente a Rusia y China.
El canciller alemán, Friedrich Merz, lo ha resumido en una frase con carga política: "Como aliados europeos de la OTAN, debemos hacer más para proteger el Atlántico Norte. Este es un interés transatlántico común".
Para Kausch, una mayor atención de la OTAN, con Estados Unidos y Europa a la vez, es "el mayor resultado positivo" de esta crisis. Aun así, lanza una advertencia: la OTAN queda "muy tocada" por el episodio.
El motivo es estructural. "La organización es el símbolo, la expresión, la institucionalización de la relación transatlántica y funciona tan bien como funcione la relación entre sus miembros", remarca la analista de German Marshall Fund.
Europa endurece el mensaje
La reacción europea también sube de intensidad. El ex secretario general de la Alianza y ex primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, avisa de que "el tiempo de la complacencia ha terminado" y reclama una respuesta europea más firme y unida ante las declaraciones "escandalosas" de Trump sobre Groenlandia.
Rasmussen pide bajar el ruido, pero sin ceder el fondo. "Necesitamos un debate más constructivo sobre cómo podemos atender las preocupaciones del presidente estadounidense", ha indicado en declaraciones enviadas a Europa Press.
El mensaje incluye una línea roja existencial: un ataque de Estados Unidos a un aliado "sería el fin de la OTAN". El argumento es directo: no tendría sentido una defensa colectiva en la que "el aliado principal ataca a otro aliado para adquirir territorio".
Como salida, plantea renovar el acuerdo de defensa entre Dinamarca y Estados Unidos, de 1951, "con el objetivo de allanar el camino para una presencia más permanente de la OTAN en Groenlandia y el Ártico". El plan busca mover la conversación hacia compromisos formales y verificables.
Además, defiende un acuerdo de inversión para atraer más inversión privada a la extracción de tierras raras y otros minerales críticos en Groenlandia, con la idea de hablar el lenguaje de la Administración estadounidense. Ese paquete se completaría con un pacto "de estabilización y resiliencia" que incluya mecanismos de control para impedir inversiones chinas y rusas en infraestructuras críticas en Groenlandia.
Rutte, en el foco
El papel de Mark Rutte también está bajo lupa. Tras las críticas por su tono cercano a Trump, los halagos continuos y la percepción de equidistancia respecto a la defensa de la soberanía de Groenlandia, el debate interno no se ha apagado.
Kausch, sin embargo, sale en su defensa y destaca que, gracias a "su personalidad y su buena relación con Trump", ha logrado "darle la vuelta a la tortilla" en una crisis que hace temblar el tablero geopolítico mundial.