Sudán cumple tres años de una guerra marcada por la internacionalización

Campo de refugiados sudaneses en el este de Chad. - Amnistía Internacional

El último año queda marcado por el aumento de ataques indiscriminados a centros civiles y las matanzas de las RSF en El Fasher

Este 15 de abril de 2026 se cumplen tres años desde el estallido del conflicto en Sudán, un enfrentamiento que surgió a raíz de las tensiones entre el Ejército y las fuerzas paramilitares conocidas como Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). Esta guerra ha dejado al país sumido en una de las crisis humanitarias más severas de las últimas décadas, sin indicios claros de negociación o acuerdo entre las partes en conflicto.

El conflicto se desencadenó tras meses de disputas internas entre los líderes de ambas facciones: Abdelfatá al Burhan, comandante del Ejército, y Mohamed Hamdan Dagalo, líder de las RSF. Estas tensiones surgieron especialmente por el debate en torno a la integración de las RSF en la estructura militar oficial, y por los intereses contrapuestos relativos al control de poder y los recursos económicos del país.

El origen histórico de la crisis actual está ligado a la caída de Omar Hasán al Bashir en 2019, tras un golpe de estado liderado por Al Burhan y respaldado por Dagalo. El proceso de transición civil encarado por el primer ministro Abdalá Hamdok, nombrado para organizar unas elecciones, se vio alterado por la influencia militar, culminando en otro golpe de estado que derrocó a Hamdok, quien posteriormente dimitió en medio de la represión a las protestas sociales.

Desde entonces, la rivalidad entre Al Burhan y Dagalo se intensificó, atrapando a la población civil en un conflicto marcado por el control territorial, las disputas por el poder y el reparto de beneficios derivados de los recursos naturales sudaneses. Las RSF, originalmente formadas bajo el régimen de Al Bashir como una coalición de milicias árabes conocidas como 'yanyauid', tienen un papel fundamental en este conflicto, especialmente en las regiones históricamente conflictivas como Darfur y Kordofán.

Sudán, país independiente desde 1956 tras ser un protectorado anglo-egipcio, ha sufrido dos guerras civiles motivadas por tensiones étnicas y religiosas entre el norte árabe-musulmán y el sur cristiano-animista, así como un reparto desigual de las riquezas. Estos conflictos civiles culminaron en la independencia de Sudán del Sur en 2011. Paralelamente, la guerra en Darfur dejó un genocidio perpetrado por milicias y fuerzas gubernamentales, hecho que llevó a órdenes de arresto internacional contra al Bashir y sus colaboradores más cercanos.

Desarrollo y situación actual del conflicto

Las hostilidades sorprendieron a la población, que quedó atrapada en zonas bajo el control de diferentes fuerzas. Las RSF tomaron rápidamente grandes áreas de Darfur, Kordofán y la capital, Jartum, lo que obligó al Gobierno a trasladar su base a Puerto Sudán, a orillas del mar Rojo. Durante las primeras etapas, se registraron graves atrocidades atribuidas a las RSF, como el asesinato en junio de 2023 del gobernador de Darfur Occidental, Jamis Abakar, y la masacre de más de 800 personas en noviembre de 2023 en Ardamata, donde la comunidad masalit fue la principal víctima.

El conflicto ha generado la mayor crisis de desplazamiento del mundo. En respuesta al fracaso de las negociaciones celebradas en Arabia Saudí en 2023, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en marzo de 2024 una resolución que exigía un cese inmediato de la violencia, dando paso a un proceso de mediación liderado por Libia y Turquía. Sin embargo, las exigencias del Ejército para que las RSF abandonasen las zonas bajo su control estancaron las conversaciones.

En la segunda mitad de 2024, las Fuerzas Armadas lanzaron una ofensiva que les permitió recuperar el control de Jartum, Omdurmán y Bahri, infligiendo un duro golpe a las RSF. Estas respondieron con la formación de un gobierno paralelo junto con grupos opositores aliados y con ataques coordinados en Darfur. En octubre de 2025, las RSF tomaron El Fasher, la capital de Darfur Norte, donde se cometieron nuevas matanzas, secuestros, torturas y violencia sexual contra poblaciones sitiadas desde hacía 18 meses.

Actualmente, las RSF centran sus operaciones en Kordofán, avanzando con el apoyo del Movimiento para la Liberación del Pueblo de Sudán/Norte-Al Hilu (SPLM/N-Al Hilu). La ONU y diversas ONG han denunciado el creciente uso indiscriminado de drones y artillería por ambas partes, aumentando el sufrimiento de la población civil.

Internacionalización y ausencia de avances en la negociación

El conflicto sudanés se ha internacionalizado desde sus inicios, con diversos actores regionales y extrarregionales implicados, lo que ha consolidado la posición de ambos bandos. El Gobierno de Jartum ha acusado a Emiratos Árabes Unidos de ser el principal sostén de las RSF, aportando armas, financiamiento y material bélico, principalmente a través de Chad, país que ha sufrido ataques relacionados con dichas operaciones.

Asimismo, Jartum habría recibido apoyo en diferentes grados de Egipto, Irán y Turquía, además de denunciar el respaldo de Etiopía a las RSF y la participación de mercenarios vinculados al antiguo Grupo Wagner y a las fuerzas leales al comandante libio Jalifa Haftar. Por su parte, Sudán ha criticado el papel del asesor estadounidense para África, Massad Boulos, quien presentó un plan para impulsar el diálogo basado en "cinco pilares":

  • Una tregua humanitaria inmediata.
  • Acceso humanitario sostenido y protección de los civiles.
  • Alto el fuego permanente y acuerdos de seguridad creíbles.
  • Una transición política inclusiva encabezada por civiles.
  • Un camino a largo plazo para la recuperación y reconstrucción que garantice estabilidad y oportunidades.

Sin embargo, Abdelfatá al Burhan se ha mostrado inflexible al declarar que no aceptará ninguna propuesta que no contemple la retirada total de las RSF de las zonas en disputa con la frase "Los combatiremos hasta que se rindan", evidenciando la prolongación del conflicto sin perspectivas inmediatas de resolución.