El largo camino de una madre de Punta que lucha para que su hijo cumpla condena en España
Para Inmaculada De la Rosa Feria, cada día comienza y termina con la misma preocupación. Desde septiembre de 2024, esta madre de Punta Umbría vive pendiente del futuro de su hijo Antonio, encarcelado en Marruecos por un delito de drogas. No busca reducir la pena ni cuestionar la sentencia. Su petición es otra: que el joven "pueda cumplir el resto de su condena en España, en condiciones más humanas".
La historia de Antonio comenzó el 21 de septiembre de 2024, cuando fue detenido con 22 años ("en la playa, sin nada encima,", ha apuntillado su madre) tras ser interceptada la embarcación en la que viajaba junto a otros tres tripulantes. Todos fueron condenados inicialmente a diez años de prisión, aunque posteriormente la pena para Antonio fue reducida a ocho años, "no sabemos porqué pero así fue", ha indicado Inmaculada. Hoy, al joven le quedarían por cumplir alrededor de seis años de cárcel.
En este caso, según ha expresado su madre a Viva Punta Umbría, "primero fue trasladado a la prisión de Casablanca" y, tras meses de gestiones y trámites, y mucha lucha y mucho hablar con quienes podíamos, el pasado 13 de mayo de 2025 fue reubicado en la cárcel de Tetuán". El cambio ha supuesto cierta mejora administrativa, según ha explicado su madre, "el Consulado de Tetuán nos escucha, nos presta más atención y el juez de enlace responde con mayor rapidez", pero "sigue teniendo, él y sus compañeros, condiciones muy duras".
Condiciones "inhumanas"
Según ha indicado Inmaculada, los primeros meses de su hijo en prisión fueron especialmente difíciles. Antonio permanecía en un módulo situado en un sótano sin ventilación, compartiendo espacio con 47 internos marroquíes con los que apenas podía comunicarse por la barrera del idioma.
Posteriormente, "tras mucho luchar, fue trasladado" a otro módulo algo menos saturado, con alrededor de 30 presos y la presencia de otros dos reclusos españoles, uno de Punta del mismo caso", pero aun así, "las condiciones siguen siendo precarias porque hay una falta de higiene constante, con insectos, roedores, suciedad... Allí ni se te ocurra ponerte enfermo porque la atención médica es prácticamente inexistente", ha apuntado. "Gracias a los médicos de aquí, y a los trámites con el Consulado, hemos podido llevarle medicamentos por si se pusiera enfermo al menos tener lo básico", ha expuesto. Y es que también asegura que la alimentación es muy limitada, llegando a recibir "una sola comida al día" en determinados periodos.
Psicológicamente, Antonio está "muy afectado. Cada vez lo veo más triste. Incluso después de una visita, al salir, la chica del Consulado me indicó que le había dicho que me dijera que 'lo perdonara, porque igual me tengo que quitar la vida porque no puedo más', y ahí fue cuando dije que no pararía hasta conseguir traerlo a España. Pero el fiscal no quiere firmar la multa de Aduana y eso nos tiene muy paralizados también".
Dificultades en las visitas
Desde que su hijo fue detenido, Inmaculada solo ha podido verlo unas seis veces porque depende de los permisos desde la prisión y porque requiere de un viaje "complejo y muy costoso", para un encuentro de apenas 15 minutos".
El trayecto comienza en un viaje de Punta Umbría hasta Tarifa, de allí continúa con el barco hasta Marruecos y termina con el alquiler de un coche para desplazarse hasta la prisión. Cada visita supera los 1.100 euros, una cantidad que la familia solo logra reunir gracias a "la ayuda de mi familia, amigos... Y a pequeñas rifas que intento hacer para conseguir ayuda".
A veces coordinan los desplazamientos con otras familias para reducir gastos, aunque no siempre es posible porque los días de visita no coinciden y los presos se encuentran en centros diferentes.
Pese a las dificultades, Inmaculada (y las familias afectadas con presos en Marruecos) tiene claro que seguirá intentándolo: "traerlo a cumplir condena a cualquier rincón de España. Me da igual donde, pero en España para que puedan tener al menos condiciones dignas".
Una reivindicación compartida
El caso de Antonio forma parte de una realidad que afecta a más familias andaluzas. En la provincia de Huelva "hay al menos otras tres en la misma situación, y en toda Andalucía somos alrededor de veinte las que nos estamos organizando para reclamar que puedan cumplir sus condenas en España. Con condiciones humanas", ha expresado Inmaculada.
El objetivo es claro, e insisten continuamente, "no es modificar las penas impuestas por la justicia marroquí, sino lograr su traslado a centros penitenciarios españoles en virtud de acuerdos internacionales de cooperación". Pero la situación no está siendo sencilla, ya que llevan meses intentando trasladar sus casos a las distintas administraciones, entidades... "Hemos enviado cartas al Defensor del Pueblo, al Rey, e incluso al Papa... Haremos lo que haga falta por conseguir dignidad en sus condenas", ha indicado esta madre puntaumbrieña. Pero la respuesta, al final, "siempre es la misma paciencia. Hay que esperar", ha confirmado que le han insistido desde distintas instancias, entre ellas el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Ante la falta de avances, las familias (que se han unido casi una veintena) han decidido visibilizar públicamente su situación. En los últimos días, la propia Inmaculada ha difundido un vídeo en redes sociales contando su historia, un gesto que reconoce haber dado movida por la desesperación. “Yo no entiendo de redes sociales, pero ya no podía más, y esto tiene que saberse y llegar a donde haga falta”, ha afirmado.
Además, las familias no descartan organizar una gran concentración en Madrid para exigir respuestas. Paralelamente, han trasladado su petición al presidente de la Junta de Andalucía con la esperanza de que las instituciones españolas puedan mediar.
Y es que su lucha, dice, esta madre (y el resto de familias) no busca privilegios ni excepciones, sino garantizar que su hijo cumpla la condena "en condiciones dignas y cerca de su familia", porque los presos también tienen derechos, ha implorado. Y mientras espera una respuesta de las administraciones, repite la promesa que se hizo el día que su hijo entró en prisión: no dejar de luchar hasta verlo de vuelta.