2026: Mal empezamos

La Tierra. - Europa Press.

Dice nuestro refranero popular que esto no es cómo empieza, sino cómo acaba, y la verdad es que esperemos que así sea, porque el final de 2025 fue bastante inquietante y el comienzo de 2026 sigue en la misma línea del año que terminó. Las grandes potencias mundiales vuelven a querer hacerse notar en el mundo: Rusia, en una escalada de agresividad contra lo que un día fue un país hermano de la URSS, y los Estados Unidos, de la mano del otro Donald —me cae mejor su primo el pato—, emergiendo ante el mundo como el sheriff internacional capaz de poner orden en el planeta.

Desde mi primera columna de opinión, que cada año me regala este semanario, he pretendido que sea para el lector un lugar para la reflexión, sosegada y tranquila, pero reflexión al fin y al cabo. Comenzar el año con la detención del presidente venezolano es, sin duda, una noticia de calado internacional. Ofrecer una opinión sobre lo que ocurre allí admite multitud de variantes que desconozco, pero sí es paradójico que el lugar con las reservas de petróleo más altas del mundo tenga un nivel de pobreza tan elevado. Las dictaduras son el método de enfatizar la personalidad de los inmaduros reprimidos de la historia, a quienes las circunstancias les han permitido alcanzar un poder hiperbólico que nunca soñaron y en el que, sin embargo, perdieron el raciocinio objetivo.

Para muchos venezolanos, la operación de captura del dictador ha sido una liberación; la pregunta será hasta cuándo se sentirán liberados. Hay que decir que la intervención militar de los Estados Unidos ha sido ejemplar, sobre todo si la comparamos con la de Rusia en Ucrania. Sin embargo, estamos ante el apartado más complejo: ¿ahora qué? Lo ideal sería iniciar una transición democrática real, pero aquí es cuando debemos poner en valor nuestra transición, porque no todas las transiciones de sistemas políticos han sido igual de efectivas. Otra pregunta que cabría hacerse es: ¿por qué Estados Unidos debe marcar las pautas de este proceso? ¿Qué pasó con los políticos exiliados de Venezuela? Y la gran pregunta: si los Estados Unidos se autocalifican como el justiciero del mundo, ¿quién los va a frenar?

El señor Trump ahora mira a Groenlandia, un país fresco de ideas y de todo, pero con poca población, donde parece ser que las riquezas de sus minerales y su situación estratégica se han convertido en el nuevo sueño del rubio que ocupa la Casa Blanca. El problema es que se trata de una isla danesa, de Europa y, supuestamente, de los aliados de Trump, si es que este señor tiene algún otro aliado que no lleve estampado el rostro de George Washington. La exposición norteamericana es que se trata de un territorio estratégico del que podrían adueñarse China o Rusia, y antes de que se apoderen de él “los comunistas”, me lo quedo yo, “que soy el bueno de la película”. La versión más económica es que el control de las minas de minerales sirve para la fabricación de las nuevas tecnologías de hoy en día.

En conclusión, nos encontramos ante una situación que recuerda a los años 60 y 70, con dos bloques bien conformados, liderados por Estados Unidos y Rusia, que intentan hacerse con el control del mundo. El problema es que ni uno ni otro se han preocupado de lo que ocurre en zonas de Asia, África o Sudamérica, donde las miserias crecen cada día. No se preocupan ni siquiera por conseguir que sus ciudadanos tengan unos servicios mínimos. Acumulación de poder y territorios para impedir que el otro sea más grande, sin ni siquiera saber si van a poder controlar tanto territorio. En definitiva, este es el comienzo del año, pero como dice el dicho, esto no es cómo empieza sino cómo termina… si es que termina.