El segundo maremoto

El próximo jueves, día 20, nuestros teléfonos móviles sonarán para advertirnos de un simulacro ante la posible llegada de un maremoto

Maremoto
Maremoto

Si hay algo de lo que no podemos responsabilizar a ningún político es de la llegada de un fenómeno natural catastrófico. Eso sí, hay que pedir a los representantes de las administraciones que adopten medidas preventivas y tengan un plan de urgencia en caso de que ocurra. A todos nos viene a la memoria lo sucedido en Valencia, donde una desgracia natural, unida a la falta de prevención y a una despreocupada reacción administrativa, agravó lo ocurrido, convirtiéndolo en una auténtica tragedia. Tal vez por todo aquello, ahora cualquier alerta por mal tiempo se convierte en un signo de auténtica alarma. Sin ir más lejos, hace un par de semanas se prohibieron todas las actividades al aire libre porque estábamos en alerta amarilla; al final apenas cayeron cuatro gotas y, por no haber, no hubo ni fuertes vientos. Pero es preferible tomar medidas preventivas a que nos cojan con el pie cambiado.

Siguiendo esta línea de prevención, el Ayuntamiento ha anunciado en sus redes sociales que el próximo jueves, día 20, nuestros teléfonos móviles sonarán para advertirnos de un simulacro ante la posible llegada de un maremoto. Está bien que se avise con antelación que se trata de un simulacro, para que no ocurra lo que sucedió en aquel maremoto de hace… ufff… más de cuarenta años. Muchos lo recordarán con más claridad y detalle que yo, que era un niño al que lo único que le importaba aquella noche era llevarse bajo el brazo los tebeos —ahora cómics— que alimentaban mi imaginación cada tarde. Así lo hice, y me monté en el asiento de atrás del Renault 5 de mi hermana, que había aprobado el carnet de conducir unos meses antes. Con el miedo pertinente y bien agarrado a aquellas historietas de humor, me disponía a despedirme de mi pueblo tal y como lo conocía hasta entonces. Al final todo quedó en nada, afortunadamente, y lo más lejos que salimos mi familia y yo de Barbate fue al Bay Bay, a recoger a mis tíos, que disfrutaban de la noche como tantas veces.

El niño de hoy, seguramente, lo primero que cogería antes de montarse en el coche rumbo a la tierra prometida de Vejer sería un teléfono móvil, una tablet o algo similar. Una de las interminables anécdotas de aquella noche ochentera era la de una familia en la que varios de sus miembros usaban prótesis dental —lo que todos conocemos como dentaduras— y que, con el susto, cuando fueron a coger las de cada uno, se las pusieron cambiadas. Cosas de los nervios. Hoy los tiempos han cambiado y ese problema no sería tal, ya que la inmensa mayoría de quienes carecen de dientes propios los han sustituido por implantes; por ahí nos ahorraríamos un lío. Otro de los recuerdos que conservo fue cómo venían mis vecinos a llamarnos a la puerta para alertarnos y ponernos en marcha hacia el campo o hacia los pueblos vecinos porque “iba a venir una cosa muy mala”. Hoy esa alerta llegaría por WhatsApp, Telegram, Facebook, Instagram o incluso por TikTok, con algún filtro donde apareciera alguien bajo el agua avisando: “Cuidado, que viene un maremoto”. Incluso alguno te mandaría el enlace del Windguru para decirte la altura de la ola, la velocidad y la hora del desastre; y si me apuras, con la IA hasta podrían hacerte una recreación de los efectos devastadores del maremoto.

Pero los barbateños de los años 80 sabían que todo se iba a tranquilizar si lo decía el alcalde, Serafín Núñez, que por aquel entonces estaba en su nivel más álgido de popularidad, y su palabra era ley, incluso en cuestiones meteorológicas. Por eso, aquella noche, en un vehículo de la Policía Local, patrulló con un megáfono tranquilizando a la población y afirmando que no iba a pasar nada, como finalmente así ocurrió. Hoy en día, no sé si nuestros políticos serían capaces de tranquilizarnos o de asustarnos más. Lo que sí tengo claro es que, en esta ocasión, no me llevaré ningún tebeo; me he vuelto más ególatra, y lo que me llevaría para huir de la catástrofe sería mi libro: Yo Soy Peter.