Tonalidades

Roland Steinmann en Pixabay

Mi etapa de alumno de secundaria no fue muy exitosa, hay que ser sincero con eso, mis malas notas se extendían hasta aquellas asignaturas que se suponía eran más asequibles para el estudiante. La asignatura de dibujo para mí supuso una auténtica pesadilla, mi impaciencia y torpeza a la hora de trazar los segmentos con el compás o la escuadra y el cartabón me pesaba como losa en la evaluación. Fue con esta asignatura la que me permitió conocer el nombre de algunos colores más allá de los básicos, como fueron el magenta, o el cian, colores que hasta entonces para mí no eran más que una tonalidad más del rosa o el celeste y que sin embargo en esos años conocí que tenían nombres diferentes.

En la política actual parece imponerse los colores básicos y se pretende usar el disolvente para eliminar los cian y magenta. Sorprende para los que tenemos ya una edad ver como lo referentes históricos del socialismo de este país son señalados por sus actuales votantes como gente de derechas o fachas. Y es que la política actual es tan paradójica que vemos como todo el mundo se siente defraudado de ella, pero al mismo tiempo no deja de posicionarse en un bando o en otro, bailándole el agua a los representantes de los diferentes partidos, y comulgando con su verborrea dedicada solamente en fragmentar a este pequeño país en dos. Me resulta muy estremecedor que en el 2026 se le intente inculcar al votante más el miedo por la ultraderecha, a pesar de estar en una Democracia, que en la Transición. Por otro lado, la izquierda cada vez empieza a fraccionarse más, alimentando el voto conservador.

A mí me asusta un mal gobierno de izquierdas, porque es quien puede posibilitar que la derecha vuelva a mandar, pero el miedo se convierte en atroz cuando la ciudadanía de a pie se olvide que, en Democracia, quien pone o quita al gobernante es el pueblo, y un mal Gobierno de derechas no aguantaría ni la mitad de lo que puede soportar un pésimo Gobierno de izquierdas. Por eso es necesario que dentro de cada corriente ideológica haya tonalidades diferentes, que permitan reconducir la dirección gubernativa antes de pegársela con el descontento social en una urna. Esas voces críticas además de ser necesarias son fundamentales para la madurez del proceso democrático pues para abanderar el liberalismo primero hay que tolerarlo en la propia casa.

El blanco y el negro son los colores que menos matices presentan, y es a los que queremos llevar nuestras políticas. Sin duda se echan de más cargos públicos y se echan de menos inversiones, sobran ineptos con corbata y se adolece de mentes brillantes en los cargos de decisión, falta tolerancia y sobra odio, faltan soluciones y sobran dedos acusadores, falta compromiso, y sobra mucha arrogancia. El pueblo debe saber que lo matices hacen una sociedad más grande y que si uno es de izquierda o de derechas debe saber asumir la crítica de una mala acción, porque de malas acciones están sobrados unos como otros. Pensemos en colores granas, celestes, rosas, dorados, marrón y desechemos de una vez las políticas en blanco y negro que a pesar de tantos años hablando de ella, hay demasiados que se empeñan en resucitar para poder tener un argumento con el que defenderse mientras que los otros están conociendo un sistema que  de tanto hablar de el, a aquellos que no saben gobernar un país.