Manuel García Almarcha ofreció un pregón a la Virgen de la Piedad, lleno de fe y recuerdos
La Hermandad de la Misericordia cerró este domingo los actos del cincuentenario de la bendición de María Santísima de la Piedad con una solemne función y un pregón conmemorativo
La Hermandad de la Misericordia clausuró este domingo 8 de diciembre los actos del cincuentenario de la bendición de María Santísima de la Piedad con una Solemne Función y un Pregón conmemorativo.
La predicación de la Solemne Función estuvo a cargo del padre Francisco Sánchez Oreja, provincial de la Provincia Ibérica de la Orden de los Carmelitas, concluyendo con un Te Deum de acción de gracias interpretado por la Asociación Coral de San Fernando.
Al término de la función dio comienzo el pregón conmemorativo del cincuenta aniversario de la bendición de María Santísima de la Piedad, para el cual la Hermandad había designado al cofrade de la Misericordia, Manuel Jesús García Almarcha.
Tras la lectura del acta de designación, tomó la palabra el presentador del pregonero, José Luis Sánchez Mellado, quien ofreció una emotiva y personal semblanza. Hizo un recorrido por la trayectoria de Manuel, desde su infancia vistiendo los hábitos penitenciales de cola negra y esparto azul, hasta repasar sus logros dentro de la Hermandad. Cerró su intervención con estas palabras: “Este medio siglo de vida me ha dado la oportunidad de conocer a personas maravillosas y, tras mis tres hijos, siempre serás uno de ellos”.
Manuel García Almarcha pronunció un pregón profundamente emotivo, en el que se unieron la memoria, la fe y el agradecimiento. Recordó que “La Piedad llegó al barrio para quedarse para siempre” y cómo “desde aquel día, la Pastora ya no volvió a ser la misma”.
El pregón estuvo marcado por la vivencia personal y la fe heredada. Manuel recordó a su madre como la primera que le enseñó a rezar ante la Virgen: “La fe también se hereda, y tú eres herencia bendita. Contigo aprendimos a rezar sin saber que estábamos aprendiendo a vivir”.
La Virgen de la Piedad se presentó como presencia constante, tanto en los días claros como en los oscuros: “lágrima en silencio y esperanza sin palabras”, y “consuelo cuando nadie más sabe qué decir”. “Tus manos sostienen al que se cae”, afirmó, describiendo a la Virgen como refugio seguro para quien sufre o llega sin fuerzas.
Manuel también rememoró la salida extraordinaria en la Magna Mariana de 2023, vivida como un auténtico regalo tras los años de pandemia: “Aquel día se paró el tiempo; quien te mira, no vuelve siendo el mismo”. También destacó el 8 de diciembre como fecha marcada en el alma de los devotos: “el día marcado en el calendario de mi corazón”, jornada de encuentros, promesas y recuerdos. “Cuando todo se apaga, ella vuelve a alumbrar”.
El pregón concluyó agradeciendo a la Hermandad de la Misericordia, a su junta de gobierno, a los hermanos, a los que ya no están y a su propia familia. Manuel cerraba su pregón con estas palabras: “Era un 8 de diciembre, el mismo que hoy nos llama a celebrar la pureza de la madre que nos ama. Cincuenta besos de alfombra atestiguan tu llegada. Cincuenta sueños, piedad, junto al jardín de tu gracia. Bendita cincuenta veces y bendita cincuenta más, Inmaculada. Y bendita la Hermandad que se entregó a tu prestancia. Que Dios te salve, María, la piedad de mis entrañas. Mi madre, la carmelita, salinera de mi casa. Amor del amor más puro que misericordia clama. Que Dios te salve, Piedad, isleña rosa que guarda cincuenta versos de historia en su gloria Inmaculada”
La Banda de Agripino Lozano, que acompañará a la Virgen de la Piedad el próximo Jueves Santo, intervino en dos momentos del Pregón interpretando las marchas dedicadas a los titulares de la Hermandad.