Mario Vilau fue el triunfador de la gran final de la Liga Nacional de Novilladas 2025
Firma: Jesús Herrera.
Foto: Jesús Salido.
Sanlúcar de Barrameda vivió este domingo una jornada de auténtico toreo en el coso taurino del Pino, que celebra este año su 125 aniversario bajo la gestión del empresario Carmelo García y su firma Espectáculos Carmelo García.
El histórico recinto sanluqueño fue el escenario perfecto para acoger la gran final de la Liga Nacional de Novilladas 2025, una cita que reunió a los triunfadores de los diferentes circuitos autonómicos organizados por la Fundación Toro de Lidia.
El gran protagonista de la tarde fue el joven novillero Mario Vilau, que se proclamó triunfador de la Liga tras una rotunda actuación frente al cuarto de la tarde, un bravo novillo de Fuente Ymbro llamado Guardés, premiado con la vuelta al ruedo. Vilau se fue a portagayola para recibirlo con el corazón por delante y lo toreó de rodillas a la verónica, arrancando la primera ovación de la tarde. Ya con la muleta, firmó una faena de temple, despaciosidad y hondura, iniciándola con las dos rodillas en tierra en los medios. Toreó con verdad por ambos pitones, dejando series de muletazos largos y ligados que hicieron vibrar los tendidos. Cerró por bernadinas muy quietas y de máximo compromiso antes de dejar una estocada entera que hizo rodar al novillo sin puntilla. Dos orejas y rabo para el catalán, y vuelta al ruedo para el excelente astado de Fuente Ymbro.
También destacó Tomás Bastos, que cortó dos orejas al primero tras una faena de gusto y suavidad; Álvaro Serrano, que obtuvo una oreja tras aviso con una labor de firmeza y entrega; Carlos Tirado, ovacionado tras una faena de poder a un novillo sin transmisión; y Ruiz de Velasco, que cerró el festejo con una faena de empaque y torería que le valió una oreja con petición de la segunda.
Con este triunfo, Mario Vilau se consagra como el gran nombre propio de la temporada novilleril y el abanderado de una nueva generación que pisa fuerte. En el año en que el coso de El Pino celebra siglo y cuarto de historia, Sanlúcar volvió a ser cuna de emoción y testigo del futuro de la tauromaquia.