Los Reyes Magos
Un año más los corazones de millones de niños del mundo se llenaron de ilusión con la visita de los Magos de Oriente. Vieja historia de tradición cristiana, que a duras penas se sostiene gracias a los ayuntamientos y asociaciones con pomposa cabalgatas, en el intento de prevalecer ante ese invasor Groenlandés llamado Santa Claus o Papá Noel. Da igual sus nombres, porque lo que ambos pretenden, es quedarse con parte importante de esa última paga extraordinaria que reciben los papás. Los verdaderos Reyes.
Ambos hacen referencia a distintos orígenes en una misma figura, resultado de la unión de folclores derivados de la mitología nórdica y turca. Con un moderno sistema de distribución mucho más sofisticado que los que vienen del Oriente. Sin tener que atravesar montañas, estepas y desiertos, tras la persecución del imaginario cometa; que sabe Dios cómo podrían divisarlo los días de grandes nubarrones.
Aunque ellos, también son bastante antiguos, fueron modernizando el reparto de los regalos a domicilio. Su sistema de distribución en la posteridad, ha sido copiado por Amazón, Seur, Nacex y otras compañías de mensajería. La incorporación de esa reata de renos, donde de Rudolpf, líder del grupo con su nariz roja, funciona como guía, Dasher, a su izquierda. Donner, con espíritu de trueno, Blitezn como un rayo o relampago, Cupid el más deseado, Comet siempre feliz, Dancer que parece danzar, y Prancer el que más tira. Todos volando igual que las bicicletas de los niños de la película E.T., hacen posible la imaginaria labor de repartir los juguetes a través de las chimeneas. Y como en la libertad del espacio no hay señales, ni siquiera guardias de tráficos, como mucho, solo tendría que llevar ese nuevo artefacto rojo que ni la Dirección de Tráfico sabe para qué sirve.
Qué pasa, que mientras Claus y Noel, con sus cuerpos rechonchos barbas blancas y carita de bondad, adelantaron las fechas de este acontecimiento navideño para ponerse las botas. Los Reyes Magos, llegan un día antes de que los niños vuelvan a clase y no les da tiempo disfrutar sus juguetes; cuando ya destrozaron los que le dejaran en noche buena los gordinflones.
Como soy de los que piensan que a veces un solo regalo es capaz de hacer más feliz a un niño, sin tener que repartir su cariño con regalos que ni tan siquiera sacaron de las cajas o envoltorios, entiendo excesivo un cuarto lleno de juguetes, mustios y descolorido, porque el niño para el que fueron comprado ni siquiera los abrazó.
Si tengo que elegir, prefiero a nuestros queridos Reyes Magos, que aun anclado en el pasado, como cuando transportes Botón y transporte Utrera traían de Cádiz o Sevilla todos los materiales, paquetería y alimentación, comparto que aparezca el Rey Baltasar con la tez negra, cosa que a Abascal, Ayuso y demás congéneres del orden, disciplina y catolicismo, no le gusten.
Para los niños de: queso holandés, manteca flande y leche en polvo, los juguetes, a veces, creado por nosotros mismo, tenía corazón, empatía y llegaban a ser nuestros mejores amigos. “Viva Palestina Libre”.