¿Por qué Groenladia?

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Son tantos los temas de los que hablar, tantas las malas noticias que nos transmiten, tantos atropellos políticos de los que nos enteramos, que es difícil decidirse por uno en concreto para comentar. En medio de todos ellos, me hago la pregunta: ¿Por qué quiere y ansía tanto el emperador Trump la isla de Groenlandia?

Después de documentarme bastante he comprobado que al igual que Cristo es la piedra angular de la Iglesia, Groenlandia lo es del ala norteatlántica y Trump tiene varias razones para ambicionarla. En primer lugar, la isla es el vigilante militar por tener la Base Espacial  Pituffik, desde la que prima la vigilancia espacial para detectar de manera anticipada el lanzamiento de misiles. Desde allí mismo, también se ha pretendido sujetar a la flota submarina rusa desde la Guerra Fría, con Islandia y Reino Unido formando el cuello de botella de la Franja de Giuk.

La isla más grande de la tierra es un tesoro de minerales indispensables para la transición energética y la alta tecnología. Posee, a nivel mundial, el 8% de tierras raras, sin contar con el grafito, el cobre, el oro y el litio. Y bajo su plataforma continental existen potencialmente miles de millones de barriles de gas y petróleo, clave para que Occidente y China reduzcan su dependencia estratégica. Nada de seguridad nacional, señor Trump. Usted lo que quiere son contratos exclusivos para empresas estadounidenses y así enriquecerlas aún más de lo que ya están.

Por otra parte, Groenlandia es el controlador de rutas: la Ruta del Mar del Norte (bajo dominio ruso) y el Paso del Noroeste (bajo Canadá) y quien domine sus aguas y sus futuros puertos, controlará    las autopistas marítimas que reducirían en más de la mitad el recorrido Asia-Europa; así esta gran isla se convertiría en la estación de peaje principal, restando la exclusividad de Suez y Panamá.

Y si estos motivos no son suficientes, tenemos otros menos conocidos, o quizás menos discutidos, como por ejemplo, la construcción del megaproyecto Golden Dome o Cúpula Dorada. Se trata de un escudo antimisiles integral para defender el territorio de peligros que vengan de Rusia o de China. Esta isla es el estrado imprescindible para asentar los ojos que detecten los lanzamientos sobre el polo. Se trataría de uno de los mayores contratos de defensa de la historia, entre 844000 millones y 1,1 billones de dólares, los cuales no se perderían en la construcción, sino que sería revertido su beneficio a las empresas del sector defensa, como Boeing, Northop Grumman y Lockheed Martin, las mismas que facturaban en 2025 más de 200000 millones de dólares en defensa. Por lo tanto, el desear tanto la isla más grande del mundo no se trata de una maniobra geopolítica, sino de un juego de negocios que garantiza unas ganancias gigantestas a la industria de defensa del imperio de los EEUU.

He aquí la disyuntiva europea y de la OTAN. Se dan de frente con la doctrina Donroe, basada no solamente en la política sobre el Ártico, sino un argumento de extrema presión sobre los límites de la alianza occidental. Veremos cómo se ejecuta el asunto, si se gestiona por medio de la cooperación y el derecho internacional o sobre la fuerza y la anexión.

El Foro de Davos ha sido aprovechado por el emperador para desacreditar a Europa y chantajear a la OTAN si no le venden la ansiada isla. No le importa  valerse de la extorsión, con aranceles como arma geopolítica, con su habitual tono de autoritarismo hegemónico y desprecio: "Lo que pido es ese pedazo de hielo en mitad del océano y que pasen la factura", "Sólo Washington puede proteger esta masa gigantesca de hielo, desarrollarlo y hacerlo de modo que sea bueno y seguro para  Europa y bueno para nosotros. Y por eso estoy buscando negociaciones inmediatas para negociar de nuevo la compra de Groenlandia". Esas son sus palabras textuales emitidas en el Foro Económico Mundial de Davos este año.

La OTAN, Europa y Dinamarca están a su servicio y no se priva de amenazar con dejar sola a Europa ante Rusia en su defensa de Ucrania (cuando fueron los estadounidenses los provocadores de dicha guerra), entre otras amenazas.

Chantajes y más chantajes, amenazas y más amenazas; la ambición y el despotismo estadounidense y de Trump no tiene límites...