Un canto bajo la higuera
“La realidad siempre nos pilla de sorpresa”. Rosa Montero.
La humanidad parece bastante decidida en acelerar el proceso de auto aniquilación que comenzara hace poco menos de un siglo pese a los casi 300.000 años de antigüedad que la contemplan, fruto de una avaricia y un narcisismo general que germina en metástasis con pinta de incurable. En poco menos de un siglo se ha desarrollado la energía nuclear con el impacto armamentístico y destructivo que conlleva y que hoy contemplamos con estupor ante esta deriva bélica e incomprensible, hemos provocado un evidente cambio en el clima al nivel de que lo que antes era predecible hoy no lo es y la naturaleza, salvaje, brutal y explosiva, nos recuerda que no somos nada y que ya antes exterminó a los seres vivos del planeta en poco más de un soplido, y ahora, para introducir un elemento más en contra de nosotros mismos ponemos en funcionamiento y sin control una inteligencia artificial que crece por días y que todo lo bueno que propone lo compensa con buena parte de lo peor: pérdida de empleo masiva ante el avance de las nuevas tecnologías, control absoluto de nuestra realidad al punto de hemos perdido todos los derechos a no ser manipulados y, como remate, explosión de una súper inteligencia que a través de redes e internet y todos nuestros datos se nutre a diario y ya tiene el control de nuestras vidas; ¿qué no hará al cabo de unos años retroalimentada y, obviamente, deshumanizada y sin control, a la que probablemente los mismos humanos que la crearon no entiendan? No usar chat GPT no implica estar al margen de ella, la IA en poco ha explotado y se ha expandido sin aviso y sin límites, inundándonos la vida para pasar en nada a adueñarse de todo. Y lo que nos queda por ver.
El trasfondo es el dinero. Demasiado dinero en juego, de nuevo la avaricia y, a su par, el narcisismo, la mezcla de ambas cosas empodera a un humano ciego que se obstina en no medir sus límites. Como ahora con la guerra.
Lo que hasta hace no mucho era un mundo previsible hoy no lo es. En ningún aspecto. Pasamos de una crisis mundial a otra en nada y, lo peor, las consumimos sin especial inquietud, pensando que aunque todo es terrible lo probable es que no pase nada: seguro que al final nadie pulsa el botón rojo para liberar un ataque nuclear, fijo que aunque el sol suba unos grados su media o terremotos deslicen la capa tectónica o el mar se caliente más de la cuenta y especies del caribe aparezcan en Barbate o una dana libere millones de litros de agua en un rato, la humanidad saldrá airosa porque, no olvidemos, somos hijos de Dios a su imagen y semejanza y, por tanto, únicos, ya él se ocupará de que nada terrible nos suceda como especie y, cómo no, con lo cómoda que es esa IA que, fíjate, piensa por uno cómo no tirarse de cabeza a su completo y absorbente dominio. Energía nuclear, cambio climático, IA y belicismo, la humanidad camina airosa hacia nada bueno y los síntomas para el pesimismo son elevados porque no se aprecia capacidad en los liderazgos políticos para que antepongan la sensatez a interés económico. El dinero lo es todo.
Ya puestos, más vale ponerse cómodos ante lo que nos queda por ver. Que es mucho. Analizándolo, en política internacional, en cuestiones climáticas y en desafíos tecnológicos solo este año, y estamos en marzo, vamos de asombro en asombro. Un mundo éste hecho a la medida de los malos, de los sin escrúpulos, de los que logran del conflicto hacer negocio, sacarle rendimiento a la bala o a la tragedia, a nuestra percepción de una realidad falsa, fingida, manipulada. Es en lo que estamos y no hay nada más que echarle un ojo a las redes y a todo esa vorágine de información y ya resulta imposible distinguir lo que es real, falso, IA o ai!. Trump, según se ha publicado, usó la IA en su ataque contra Irán y se asegura que pretende llegar más lejos en su utilización con fines militares, ante lo cual China y todo su potencial no se va a quedar de brazos cruzados. Así estamos.
No uso, al menos aún, chat GPT. Lo sé, tengo desventaja, es mejor y más rápido que piensen por uno e, incluso, para hacer este artículo vendría bien porque la artificial, que ya de por sí el nombre repele lo más grande, ayudaría a perfilar ciertos matices sobre el pensamiento expresado y tal y tal. Me conformaré con ser más tonto, menos sutil, más zafio, menos agudo. Más yo, con todas y cada una de mis bien trabajadas imperfecciones. La hermosura de lo errático. Qué se le va a hacer, pero toda la tecnología a la que estoy dispuesto a consultar está en los libros y para éste pequeño relato en cuestión que brota desde las entrañas me inspiro en mi admirada Rosa Montero, a la que da gusto leer y escuchar. En La ridícula idea de no volver a verte relata las vivencias de María Curie mezclándolas con su duelo personal por la muerte de Pablo, su pareja. Una delicia, que así remata: “…supongo que hace falta vivir mucho, y lograr aprender de lo vivido, para llegar a comprender que no hay nada tan importante ni tan espléndido como el canto de una niña bajo una higuera”.
No a la guerra. ¿Quién puede estar en contra de esta frase? Salvo los salvajes de turno, en España es evidente la animadversión a Trump y a la guerra y todos suscriben el discurso de un Pedro Sánchez que vuelve a quedarse con la parte noble de la balanza y deja al PP la otra, la de ser más cercanos al yankee loco. No hay una en la que Feijóo se quede el lado bueno.
Pero la postura del presidente es de una evidencia electoralista e innecesaria que duele a los ojos y esta crisis internacional de enfrentamiento con EEUU solo le viene bien a él, ser victimizado en estos tiempos por el malo malísimo suma votos. Distinto es el precio final que debamos pagar y, sobre todo, sabiendo que en la otra parte de la balanza no hay beneficio alguno porque es tan obvio que los españoles no quieren guerra como que situarse en la esfera de defensa de Irán no conduce a ninguna parte. Defender la paz y la patria sin elevar el tono más allá del que use de manera consensuada la Unión Europea sería de una prudencia diplomática aconsejable para estos tiempos, solo que eso no viene bien a la debilidad electoral de nuestro presidente. Que las aprovecha todas, hasta las que no debe.