La ranura de las urnas

El jardín de Bomarzo.
Repetir las elecciones, teniendo en cuenta que en su domingo perfecto que fue el pasado 17 de mayo no alcanzó la mayoría absoluta, no parece que cuadre con su manera de proceder

El próximo once de junio es la fecha señalada en el calendario para la constitución del nuevo parlamento en Andalucía y las conversaciones entre PP y Vox están donde estuvieron la misma noche electoral, en tierra de nadie. La llamada de Juanma Moreno no se ha producido porque el presidente, tras pensarlo detenidamente consigo mismo, ha decidido aguantar hasta el límite -del bien o del mal- a ver qué pasa y marcarse una diferencia con respecto a sus compañeros de Extremadura, Aragón y Castilla y León, también animado por un contexto nacional muy convulso que bien pudiera adelantar los comicios nacionales para este mismo año porque hasta en el PSOE dudan que la situación actual se pueda aguantar mucho más. Al presidente Moreno Bonilla se le nota que le produce urticaria compartir espacios con Vox, más al haberse quedado a solo dos escaños de la absoluta y, por esto, tiene la intención de aguantar sin hacer la llamada hasta bastante después de que se constituya la mesa del parlamento, en la que Vox ansía tener el voto decisivo, el PSOE propaga que no acordará nada con las otras dos formaciones de izquierda como son Adelante y Por Andalucía y se votará a sí mismo y el PP quiere evitar ceder negociando con Vox.

La razón es que el presidente entiende que su fortaleza electoral está en la moderación y eso le permite captar mucho voto que anida en el centro, también en la izquierda moderada, y todo esto saltará por los aires en el instante en que asuma lo que han hecho sus compañeros en otras comunidades, emborronándose bajo una prioridad nacional que, se quiera o no, recuerda a aquellos que con camisa azul y brazo al aire entonaban cara al sol. Y ese canto tiene trago amargo. Su teoría es razonable, salvo por los casis.

Hay varios casis. En ningún caso ninguna de las tres formaciones de izquierda va a facilitar la investidura para evitar la entrada de Vox en el gobierno, al contrario, la foto del PP impregnado de las prioridades de Abascal son, entienden, un reclamo para reconducir el desorientado voto de la izquierda. Dos: Vox no va a ceder a un acuerdo de investidura, al menos en la situación actual. Esperará a que la fruta madure como ha hecho en otras comunidades, donde ni Guardiola, ni Azcón, ni Mañueco querían negociar acuerdos y se ha resistido solo el anuncio del de Castilla y León en espera del resultado de Andalucía pese a que el entendimiento ya se había producido mucho antes de la mano de Tellado y Montse Lluís, que es el perro de presa que Abascal tiene negociando a nivel nacional todos los acuerdos autonómicos. Y tres: Llegados al límite, ¿forzaría Juanma Moreno hasta el punto de repetir los comicios? Ahora no tiene sentido hablar de repetición electoral, hasta entonces habría que construir un relato fortaleciendo la idea de que el PP es la víctima de un chantaje que paraliza a Andalucía y Vox, sobre todo, es el villano de Juego de Tronos. Tampoco es tan difícil. Y desde luego siempre está a tiempo de hacer lo que bien pudiera hacer hoy mismo, que es llamar y llegar a un acuerdo de repartos. Eso ahora no se va a producir.

En todo caso. Repetir las elecciones, teniendo en cuenta que en su domingo perfecto que fue el pasado 17 de mayo no alcanzó la mayoría absoluta, no parece que cuadre con su manera de proceder porque se puede topar con muchas sorpresas: que Sánchez las haga coincidir con las generales un domingo de octubre y todo se distorsione, se descontrole, pierda el sentido de la verticalidad, que el PSOE le ponga otro candidato visto que Montero no tira y solo la idea produce inquietud, que la izquierda de Adelante y Por Andalucía se reagrupe y que Vox tire con bala para, con todo unido, sacar un resultado peor. Que también puede ser mejor. Y peor. ¿Y entonces?

Lo probable es que fuerce al límite y amparado por la presión de la calle intente el mejor acuerdo posible de gobernabilidad sin Vox en la foto y para ese escenario la clave nacional puede resultar determinante porque, lo saben todos, para Abascal la prioridad es España, no Andalucía. Si Pedro Sánchez, como probable parece, aguanta pese a la tralla diaria y no mueve nada hasta el próximo año, entonces Moreno Bonilla tendrá que decidir entre hacer la llamada y vender su alma moderada o tirarse el riesgo de una convocatoria electoral nueva sabiendo que éstas las carga el diablo.

Con otra clave, además. Tras el verano la Andalucía política en su conjunto se pondrá el traje de las municipales, que estas sí tienen fecha fija y en ellas están en juego, además, las diputaciones, que a la postre son las entidades que nutren con proteína los poderes orgánicos de los partidos. El PP tiene seis y el PSOE dos, Sevilla y Jaén, donde justo estos días se ha despedido uno de los históricos presidentes, Paco Reyes, que pasará a ejercer labores en el Parlamento en este tramo final de su larga trayectoria política. El PP ansía conservar las que tiene y, en principio, no parece que tenga especiales problemas en ello, sobre todo en Almería, Málaga, Granada y Córdoba. Sueña con Sevilla, que es la última aldea con poción mágica para un PSOE desnutrido. Sevilla capital pone nada menos que 18 diputados y a día de hoy no parece que su candidato, Antonio Muñoz, tenga muchas opciones de arrebatarle la alcaldía a José Luis Sanz, por lo cual el PSOE sevillano anda rumiando la posibilidad de presentar otro candidato. Voces maledicentes apuntan a Gómez de Celis, que en otra época quiso pero que ya en las últimas se negó, otras señalan a la propia Susana Díaz, que en principio no parece  muy por la labor de someterse al capricho de los votantes pero que, siendo de naturaleza invasiva y viendo cómo bajan las aguas, está alerta ante la primera posibilidad que le permita volver a este juego que tanto le gusta.

Lo que el PSOE-A debe hacerse mirar es que no es alternativa de gobierno en las capitales de provincia y tan solo en Jaén con Julio Millán conserva opciones de gobierno, precisamente la única capital donde el PP cambiará a su candidato porque Agustín González no repetirá. En las otras siete el PP gana de calle y, con ello, sus opciones de conservar las diputaciones son enormes.

Todo esto estará en juego mientras Juanma Moreno, que está muy contrariado ante el atolladero en el que se encuentra, gana tiempo mientras decide si vende su alma al diablo o si, por contra, la solución le viene dada desde Madrid antes que tener que saltar al vacío desde la ranura de las urnas.