Bomarzo

Uno más, uno menos

El PSOE se hunde y aunque pocos a nivel interno se atreven a verbalizar culpas, es obvio que Pedro Sánchez, su gobierno y lo que arrastra son un lastre pesado
El jardín de Bomarzo.
El jardín de Bomarzo.

El resultado de las elecciones autonómicas en Extremadura es el reflejo de la realidad de este presente y anuncia de manera clara la tendencia que salpicará a todo el territorio nacional en el ciclo electoral que acaba de comenzar y que nos llevará a Aragón en febrero, Castilla y León en marzo, Andalucía en junio y, más tarde, generales y municipales para el próximo año -siempre y cuando a Pedro Sánchez no le dé por adelantar las suyas y obligue a otros a hacer lo propio-. El caso es que se cierra el año político con un regusto a humedad concentrada, esa que a nadie satisface y de la que solo se alimenta la bacteria.

El PSOE se hunde y aunque pocos a nivel interno se atreven a verbalizar culpas, es obvio que Pedro Sánchez, su gobierno y lo que arrastra son un lastre pesado para mantener el partido a flote. Demasiado ruido, demasiado familiar involucrado en casos que aun respetando la presunción de inocencia que todo el mundo merece genera un ambiente tóxico muy perjudicial al que, obviamente, no ayuda la corrupción sistémica y burda de altos mandos del gobierno que proyectan hacia el exterior una imagen deteriorada y cutre. No tapa el hecho de que determinados índices sean positivos en materia, por ejemplo, económica, es fruto del devenir del país y a un gobierno hay que exigirle unos mínimos que van más allá de ciertos índices. Eso se da por descontado. Entre otras, responsabilidad para asumir errores y más cuando estos derivan en delitos por personas puestas por designación digital. Pedro Sánchez es hoy en día un lastre, pero lo es más para un partido dormido que no sabe cómo sacudirse la dependencia del único activo actual y es, precisamente, él porque el resto dormita.

Este hecho no lo rentabiliza el PP y es sumamente grave, la imagen de Feijóo no proyecta alternativa de garantías y solo el rechazo que genera Pedro Sánchez le mantiene en unos niveles electorales relativamente respetables. Extremadura ha sido un ejemplo, pese a decidir adelanto, pese a contar con encuestas internas y lanzar un órdago, el farol ha salido caro y si el líder gallego pretendía animar el ambiente electoral nacional con consecutivas elecciones autonómicas hasta llegar a las generales y a la primera le pasa lo de Extremadura igual cuando llegue a las generales Vox ha terminado por engullirle. De hecho, en Extremadura el PP ha perdido diez mil votos con respecto a las anteriores y pese a lograr 29 diputados y 1 escaño más, el ambiente es de desolación porque ahora deberán pasar por el aro de Abascal y éste ya anuncia que es el mismo de hace unos meses en políticas de migración, género y demás. A Guardiola y a Feijóo no les quedará más que decidir entre truco o trato.

La fusión de las izquierdas a la izquierda del PSOE suma, en Extremadura se ha visto y en Andalucía con Antonio Maíllo apunta a lo mismo y esto es gracias a dos cuestiones: la dispersión les divide y los egos personales dispersan el voto y, dos, con este PSOE roto a pedazos puede haber una huida hacia la izquierda siempre que ésta se muestre relativamente sólida. El PSOE necesita unión a su izquierda para que ese voto no se pierda solo que no disfruta, en absoluto, desangrándose por ahí.

El gran actor del momento es Vox, quizás el único que plantea ideas; a unos gustan, otros las detestan: rebaja fiscal, estado unitario, eliminación leyes de género, ilegalización de algunos partidos, eliminación de policía autonómica, uso del español… El discurso de Vox representa la radicalidad y seduce a muchos españoles que están enfadados y lo están por cientos de cuestiones diferentes. No necesitan más, mover la coctelera de los desagravios y atizar a PSOE y PP por igual y, así, doblan la representación. Su tendencia será similar en todos los procesos que vienen para este 2026 y en Andalucía, por ejemplo, hay una enorme preocupación con ello porque a la moderación de Juanma Moreno le chirría mucho el acompañamiento de la formación de Abacal y el PP andaluz sabe que hoy en día la mayoría absoluta la tiene perdida, en 2023 todas las monedas le salieron cara en las ocho provincias sumando todos los restos para alzar esa enormidad de 58 diputados y hoy al desgaste que genera la gestión diaria se suma el ambiente nacional, los cribados y motas negras como la corrupción en Almería.

Claro que no es lo mismo que el PP se mantenga por encima de los 50 diputados a que caiga por debajo, tras las navidades habrá encuestas múltiples y el mes de febrero, que concentra el Día de Andalucía y a escasos tres meses de las autonómicas, será un reflejo de la situación electoral en una comunidad que para para entonces encarará su primavera electoral. Aunque algunos vaticinan que Moreno podía adelantar a marzo para aprovechar la tensión nacional, todo hace indicar que, visto lo visto, agote a su fecha. Y es que el atraganto de Vox se le hace bola como para adelantarlo y esto pese a que su máximo adversario, María Jesús Montero, no suma un perejil en cuanto a voto desde que sustituyó a Espadas y solo hay que ver su perfil nacional junto a Sánchez para entenderlo. El PSOE andaluz, de hecho, se mueve más en clave 2030 que para este 2026 y pese a que Montero ya anuncia que tras aprobar los presupuestos nacionales se concentrará en la campaña andaluza, los augurios no son nada bueno y la dimisión de su compañero Gallardo en Extremadura tras el pésimo resultado le dibuja un futuro nada prometedor a la ministra.

Termina el año, el natural y el político. La sensación general es la del deterioro a tal nivel que se ha perdido la estética del disimulo y si antes las cosas parecían lo que eran, ahora es evidente porque todo se muestra sin disimulo alguno. Un ejemplo ha sido la sentencia condenatoria al Fiscal General, sin pruebas y con una subjetividad partidista evidente. Sin disimulo. Es la España actual, un cohete en muchas cosas, un petardo en tantas otras.

La pregunta es si todo esto es, realmente, importante. A la gente interesa la política, pero pese a ésta, pese a la evidente mediocridad de determinados integrantes de la misma, el país y la sociedad avanzan hacia ese futuro incierto que trae cada nuevo día. En la gente está la clave y por la gente que llena las aceras, consume, ríe y llora y se abraza y se ama y, también, vota lo que se le antoja y en su derecho está, brindemos copa al aire de cristal fino con espumoso de los caros por el nuevo año. Uno más. Uno menos. En todo caso, otro.