Al final solo es una pataleta

Santiago Segura. - E. P.
Que Torrente sea una sátira de un señor facha y desagradable no es el problema para los progres de izquierda.

No he visto la película “Torrente presidente” y no sé si disfrutaría viéndola, pero aquí no pretendo hacer una crítica cinematográfica, para ello hay personas más preparadas que yo y que si la han visto (aunque demasiada gente la critique sin haberla visto). Lo que tengo claro es que esa película tiene un valor extra por la lectura política que le rodea y por la polémica que está provocando en ciertos entornos ideológicos, sobre todo de la izquierda progresista (que no lo es).  

Es llamativo que gente de izquierda a la que antes le había gustado Torrente, ahora parece estar molesta por que también le guste a gente de derecha. La verdad es que en 1998 el personaje de Torrente parecía compendiar todas las cosas terribles que podía tener un ser humano, que por entonces encajaba en lo que para gran parte del público era el facha tradicional. Pero en 2026 el mismo personaje bien podría ser alguno de los dirigentes políticos de la izquierda que gobierna. 

A mi entender, las críticas de la película elaboradas en medios de diversas tendencias ideológicas son contradictorias y dan la sensación de que el entorno de la izquierda se lo toma peor que el de la derecha. Lo mismo he podido constatar en las acusaciones y debates en redes sociales, con lloros de progres de izquierda que se han molestado incluso por ciertos cameos. Muchos detractores de “Torrente presidente” se tiran literalmente de los pelos y para vilipendiar la película recurren a la manida excusa de que intenta blanquear a la extrema derecha.

Que Torrente sea una sátira de un señor facha y desagradable no es el problema para los progres de izquierda. Su rechazo es porque han perdido la capacidad para reírse de sí mismos al verse reflejados en una sátira, porque se han aposentado en un altar de moralidad incomprensible e impenetrable, con ideas desnortadas basadas en teorías ridículas. En cambio, los de derecha parecen ser más capaces de reírse de sí mismos, a pesar de darse cuenta de que en la película se están riendo de ellos como parte de una parodia de la política. Pero eso no lo entiende la izquierda. 

No es que Torrente valide a la derecha, no es que esta se vea representada por un individuo tan impresentable, se ríen de la exageración y de la sátira de esa parodia en concreto. La izquierda es incapaz de hacer ese ejercicio y por eso ha llegado a esos niveles que hemos visto los últimos años, en los que una parte importante del progresismo ha defendido constructos delirantes en temas sociales muy particulares, no aceptando que se pongan en entredicho por absurdos que sean y mucho menos que se rían de ellos, cosa que ha terminado siendo algo inevitable.

Para parte de la izquierda, incluso la parodia humorística debe pasar su filtro ideológico. Me recuerda al monje fanático de la novela “En nombre de la rosa”, de Umberto Eco, convencido de que la risa ofendía a Dios. No a la dictadura que intentan imponernos. Fuerza y salud.